14 Octubre.

 

El Libro Grande en el Capítulo VI, “En Acción”, al compartirme el Undécimo Paso tienes estos dos párrafos que son muy reveladores de cómo se ligan mi inventario diario con mi forma de vivir el Programa por periodos de veinticuatro horas y textualmente me sugiere: Antes de acostarnos en la noche, pasamos revista, de manera constructiva, a nuestra jornada. ¿Odiamos a alguien? ¿Tuvimos resentimientos? ¿Fuimos egoístas, deshonestos o cobardes?¿Debemos disculpas a alguien? ¿Llevamos dentro de nosotros cosas que debimos haberle platicado a otra persona, sin ninguna demora? ¿Fuimos buenos y comprensivos con todos? ¿Qué cosa hubiéramos podido hacer mejor? ¿Pensamos en nosotros mismos la mayor parte del día? ¿O pensamos en lo que podríamos hacer por los demás, en nuestra pequeña contribución que podremos aportar a la vida que transcurre? Mas debemos poner mucha atención en no caer en inquietudes, en remordimientos o en reflexiones depresivas, pues esto disminuirá nuestra posibilidad de ser útiles a los demás. Después de este examen de conciencia, le pedimos perdón a Dios, y le pedimos que nos haga saber las medidas adecuadas para mejorar nuestra conducta.

 

Inmediatamente después de despertar, pensamos en la jornada que nos espera. Hacemos un plan y, antes de comenzar, pedimos a Dios que guíe nuestros pensamientos, suplicándole alejar de nosotros toda autoconmiseración y todo comportamiento que pudiera ser deshonesto o egoísta. En estas condiciones, podemos usar nuestras facultades mentales con extrema seguridad, porque, después de todo, Dios nos ha dado una inteligencia para servirnos de ella. Nuestra inteligencia se elevará a una dimensión mucho más elevada, cuando nuestros pensamientos sean liberados de motivaciones egoístas.”

 

Es fundamental hacer oración para agradecerle a Dios un día más sin consumir y por estar en recuperación; orar para confesarle mis errores; invocar para admitir que he actuado mal o erróneamente; implorar que se resuelvan cosas que me afligen; en fin solicitar su protección y al mismo tiempo meditar para ponerme en la disposición de reflexionar sobre mis equivocaciones, repasar sobre mis fortalezas, recapacitar en mi contacto consciente con mi Poder Superior y entrar en silencio para buscar mi serenidad, así como poder escuchar, aceptar y cumplir la Voluntad de Dios.

 

Me quedó cavilando en que el Programa de recuperación me indica que debo repasar constructivamente mi día, lo que quiere decir que no se trata de que me esté auto-flagelando, me esté auto-conmiserando, me dedique a hacerme pedazos en tribuna al hacer catarsis, me empeñe en solamente ver todo lo negativo que soy, me esmere en recalcar lo malo que hay en mí y en mis actos, en fin darle rienda suelta a mi grandiosidad, dejándole el paso abierto a mi soberbia de ser “uno de los peores seres humanos” y “uno de los más depravados enfermos de adicción”, pues cuando realizo mi inventario donde pongo lo que tengo, lo que me acabé y lo que me falta necesariamente obtengo un resultado que me muestra que no soy tan malo cómo pienso o cómo quiero aparentar.

 

Se trata de equilibrio, para poder obtenerlo y vivirlo es fundamental darle su debido lugar a mis fortalezas y utilizarlas para encaminar mejor la reducción de mi ego, el encuentro armónico con mi Poder Superior y por ende la eliminación paulatina de mis defectos de carácter.

 

Requiero total sinceridad, ni engañar ni auto-engañarme; Requiero benevolencia e indiferencia con mis aflicciones para no hacerlas “tan mías”; y Requiero de generosidad y altruismo para no pensar solamente en mí mismo sino saber que soy merecedor por derecho divino de toda la serenidad, toda la felicidad, toda la salud y toda la abundancia para bien mío y de los demás.

 

Cuando pido que Dios me dé lo que necesito para salvarme, sé que hago una oración donde reconozco que: primero exijo estar abstemio, necesito estar en recuperación, pretendo estar en búsqueda de estabilidad emocional, preciso estar en autoexamen para disociarme de motivos que me alejen de la paz de mi espíritu; apremio estar tomado de la mano de mi Poder Superior y demando fuerza para cumplir Su Voluntad.

 

¡Hágase en mí y a través de mí, Tu Voluntad!, es mi manera de intentar vivir el Tercer Paso para caminar con fe auténtica por las vicisitudes de un día a la vez y tener confianza de que en lo espiritual todo estará bien aquí y en el más allá, pues de esta forma puedo hacer a un lado mis preocupaciones y mejor ocuparme de que mi Dios se haga cargo de mi enfermedad de la adicción, mis emociones negativas, mis defectos de carácter y yo tenga la oportunidad de dirigirme a lo positivo de mi ser y de mi quehacer, gracias al instructivo de los Pasos de recuperación.

 

Sólo por hoy tengo un Programa para vivir.

 

Fader.

 

 

 

Reflexiones Diarias

Escritas por los A.A. para los A.A.

14 DE OCTUBRE

UN PROGRAMA PARA VIVIR

 

Por la noche, cuando nos acostamos, revisamos constructivamente nuestro día . . . Al despertar, pensamos en las veinticuatro horas que tenemos por delante . . . Antes de empezar, le pedimos a Dios que dirija nuestro pensamiento, pidiendo especialmente que esté disociado de motivos de autoconmiseración, falta de honradez y de egoísmo. 

 

ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS, p. 80 

 

A mí me faltaba serenidad. Con más trabajo del que parecía posible, aunque me esforzara mucho, cada vez estaba más atrasado. Las preocupaciones por las cosas que no había hecho ayer y el temor de los plazos límites de mañana me quitaban la calma que yo necesitaba para ser eficaz cada día. Antes de dar los Pasos Diez y Once, empecé a leer párrafos como el citado arriba. Trataba de enfocarme en la voluntad de Dios, no en mis problemas, y de confiar en que El manejaría mi día. ¡Dio resultados! Lentamente, pero dio resultados.

 

Del libro Reflexiones Diarias
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