En el Libro Grande, en el Capítulo II, “Hay Una Solución”, me hace ver de manera muy nítida que es indispensable el apoyo mutuo entre los enfermos de adicción, que va más allá del simple hecho de que el grupo y la Comunidad sean un medio para conseguir y mantener la sobriedad, porque no se trata exclusivamente de que yo me beneficie de lo que puedan darme el grupo, los compañeros y el padrino, sino que la Fraternidad de la recuperación tiene un objetivo y una meta mayor que es buscar y tener la oportunidad de un despertar y un crecimiento espiritual, para lo cual los alcohólicos, los adictos y/o los enfermos de adicción realizamos acciones en común para vivir conforme a los Doce Pasos y por tanto tener una creencia y una fe compartida en un Poder Superior, con la característica de que este Ser Supremo, Bien o Dios es como cada uno lo concibe. Es por esto que puedo encontrar la claridad de tener la intención genuina del apoyo mutuo al leer: “Nuestra misma vida, la vida de un antiguo ebrio [adicto], depende de nuestro deseo de ayudar a otros y de encontrar los medios adecuados para responder a su necesidad.”

 

En la actividad era preponderante en mi cotidianidad, sólo pensar en mí, en mis necesidades, en lo que quería, en lo que no tenía, y en todo aquello que únicamente fuera benéfico para mí, inclusive disfrazándolo de interés por los demás, de afecto y de amor, cuando en el fondo lo único que buscaba era satisfacer mis propios deseos y caprichos. Si alguno de mis actos o de mis circunstancias resultaba en que traía algún beneficio a otra persona, mi manera de pensar instantáneamente se centraba en que los demás debían vivir eternamente agradecidos conmigo y reconocer que sin mí no tendrían lo que lograban o poseían. No existía un auténtico anhelo de ayudar sin tener un interés oculto a mi favor.

 

Desde el inicio del Libro Azul, donde se funda el Programa de recuperación, observo que debo dejar de ser egoísta, egocéntrico, ególatra y egotista para cambiarlo por una actitud y acciones que me dirijan a la generosidad, el auxilio y el sostén de mis compañeros, a través del compartimiento de mutua experiencia, fortaleza y esperanza y de esta manera caminar y vivir cada uno de los Doce Pasos, de tal manera que voy encontrando quien soy en la medida de que me olvido de mí mismo para pensar, sentir y conducirme a favor de los demás con honestidad, tolerancia y auténtico amor a mis semejantes.

 

Así, que al comprometerme conmigo mismo a vivir conforme al Programa de recuperación se suscita un cambio de actitud en mi manera de ser porque tengo que ir reduciendo mi ego para poder aspirar a alcanzar y sobre todo mantener estar limpio, sobrio y poder pretender obtener un equilibrio emocional, comenzando por darme cuenta que es indispensable trabajar con otros enfermos de adicción iguales que yo y poder tender un puente de comprensión que abra mi mente y de buena voluntad para que de forma sincera pueda comenzar a dar cada uno de los Pasos e iniciar en el camino que puede reconstruir mi vida, rehabilitarme espiritualmente y comenzar a vislumbrar y gozar de una vida útil y feliz.

 

En la mayoría de las juntas de mi grupo sucede un fenómeno maravilloso que me lleva a tener una preocupación y una atención genuina de los asuntos de mis compañeros, del servicio a mi grupo, de lo importante de las tribunas para ir dejando de lado mis propias preocupaciones, mis propios asuntos y mi propia personalidad, dándole prioridad a los principios espirituales que me comparten mis compañeros al abrirse y dejarme tocar la forma en que han vivido los Pasos, la manera en que aplican el Programa de recuperación y el esfuerzo de un día a la vez por mantenerse abstemios y procurar la estabilidad emocional.

 

Esta relación fraterna que se da con cada uno de mis compañeros es algo milagroso porque a través de ellos, muchísimas ocasiones, he podido tener la sensación de cuál es la Voluntad de Dios para conmigo, he tenido aceptación de las cosas que no puedo cambiar, he tenido superación del temor para accionar el cambio de lo que puedo y he tenido guía para distinguir la diferencia, adquiriendo serenidad.

 

Felices 24 horas de pensar en otros.

 

Fader.

 

 

Reflexiones Diarias

Escritas por los A.A. para los A.A.

13 DE DICIEMBRE

PENSAR EN OTROS

 

Nuestras mismas vidas, como ex bebedores problemas que somos, dependen de nuestra constante preocupación por otros, y de la manera en que podamos satisfacer sus necesidades. 

 

ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS, p. 18 

 

Nunca me ha resultado fácil pensar en otros. Aun cuando trato de practicar el programa de A.A., siempre soy propenso a pensar, «¿Cómo me encuentro hoy? ¿Me siento feliz, alegre y libre?». El programa me dice que mis pensamientos tiene que dirigirse a aquellos alrededor mío: «¿Le gustaría a este principiante tener alguien con quien hablar?» «A esa persona la veo un poco triste hoy, quizá podría levantarle el ánimo». Solamente cuando olvido mis problemas y me esfuerzo por aportar algo a otros, puedo empezar a alcanzar la serenidad, el conocimiento consciente de Dios que busco.

 

Del libro Reflexiones Diarias
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