En el libro “Tal Como la Ve Bill”, en la cápsula número 90, “Ver Desaparecer la Soledad”, referente a los temas del amor, insuficiencia y soledad para analizarlos respecto de cómo los he vivido en mi actividad y en recuperación, puedo leer: Casi sin excepción, los alcohólicos hemos sido torturados por la soledad. Aun antes de que nuestra forma de beber empeorara y la gente empezara a alejarse de nuestro lado, casi todos nosotros sufrimos la sensación de que nos atrevíamos a acercarnos a los demás, o incurríamos en la actitud ruidosa de llamar la atención y pedir compañía, sin obtenerla. Siempre existió una misteriosa barrera que no podíamos derribar ni comprender.

 

Esta fue una de las razones por las cuales llegamos a amar tanto el  alcohol. Pero aun Baco nos traicionó y nos vimos finalmente golpeados y abandonados en una terrible soledad.”  (QUINTO PASO)

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“La vida toma un nuevo significado en A.A. Ver a las personas recuperarse, verlas ayudar a otras, ver cómo desaparece la soledad, ver una hermandad desarrollarse a tu alrededor, tener una multitud de amigos – esta es una experiencia que no debe perderse.” (ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS, CAPÍTULO VII, “TRABAJANDO CON LOS DEMÁS)

 

La soledad cómo el sentimiento de tristeza y/o melancolía por la falta, la ausencia o la muerte de otra persona podía tener alguna “justificación”, aunque hoy entiendo que esto implicaba mi dependencia de otras personas y esta soledad de no estar ni tener compañía, no se daba, exclusivamente, cuando estaba solo sino aún en medio de la multitud, inclusive en medio de fiestas y la parafernalia que alguna vez rodeó mi consumo.

 

En realidad tenía una gran desolación que era una sensación constante de hundimiento o vacío provocada por mi angustia, sufrimiento, depresión, inseguridad y baja autoestima que comenzó a sumarse al rechazo de los demás que, con toda naturalidad, no querían estar al lado ni convivir con un alcohólico activo que en sus momentos de intoxicación creaba una serie de problemas que afectaban el bienestar de los demás, que dañaba los sentimientos de otros y que siempre destruía lo que encontraba a su paso, sobre todo la confianza, la seguridad y la esperanza de los más cercanos.

 

Mi amargura intensa me hacía sentir una gran desolación, la cual confundía con el hecho de encontrarme solo y aislado físicamente, o sea sin estar en contacto con ninguna otra persona. Sin embargo, mi gran desolación era espiritual, el no sentir consuelo conmigo mismo ni con nadie porque estaba alejado de Dios y al mismo tiempo de los otros seres humanos en los cuales no podía reconocer ninguna parte de la imagen y semejanza divina que únicamente de manera conceptual sabía que existía, lo cual era natural porque ni siquiera reconocía este insospechado recurso interior en mí mismo.

 

Permitía que mis emociones negativas agravadas por mi consumo sembraran en mi espíritu: odio, injuria, discordia, error, duda, desesperanza, incomprensión, resentimiento, tinieblas y tristeza, de tal manera que cada uno de estos sentimientos me golpearan sin saber por qué ni siquiera entender o saber que emociones tenía pues todo era confusión, y todo esto pareciera que solamente me sucedía para destruirme como persona y empujándome sin rumbo, sin sentido y sin tener una solución, una salida reduciéndome a un estado hipersensible de vivir que me llevaba al absurdo de querer escapar a través de la bebida, del adormecimiento y que cuando no consumía -algo que alterara mi estado de ánimo- me llevaba a una inestabilidad de vida porque no había forma alguna de gobernar mis emociones ni de controlar mis pensamientos dañinos de oscuridad, tentación, inquietud, turbación, flojera y abatimiento.

 

Al sentirme desolado realmente no vivía, no experimentaba la vida, sino solamente la sentía como una carga pesada, la padecía, por lo tanto me sentía desprotegido, perdido, desamparado, desarmado, aislado, encerrado, en fin una sensación de experimentar abandono de todos los demás, incluso de Dios, que me “ha castigado”, que me “ha condenado” y surgía en mí un sentimiento de culpa que me incomunicaba y me apartaba aún más de los demás y fundamentalmente de Dios.

 

Los Doce Pasos me regalan el milagro de salir de toda esa desolación, oscuridad y ceguera para convertirla en luz, compañía y una visión nítida y lúcida para mí, pues habiendo perdido las riendas de mi vida, alguien las toma y ese alguien es Dios, quien adquiere el Poder sobre mi vida que se encontraba aislada, apartada, alejada y situada en el poder de la sustancia, de mis emociones nocivas y de mis pensamientos funestos, otorgándome las herramientas espirituales para trascender lo bajo y deplorable en que caí, liberándome de la dependencia química, de la pleitesía por las cosas y de la sumisión hacia las personas.

 

En la medida que he ido haciendo mi autoanálisis me doy cuenta de que cuando estoy desolado no tengo serenidad, no tengo ninguna quietud, tengo agitación y estoy obsesionado, y por tanto estoy inhabilitado espiritualmente  pues me gobiernan mis apegos diversos, incoherentes, absurdos y generadores de conflictos constantes. Esto tiene un contraste enorme frente a la fortaleza de la persona sensata y de quien ha iniciado un robustecimiento espiritual en recuperación, quien incesantemente va aumentando la fe, la esperanza, la indulgencia, la caridad, adquiriendo una alegría interior que empieza con la serenidad, siguiendo con el valor y adquiriendo sabiduría.

 

Al decidir formar parte de la Comunidad de la recuperación y por la gracia de Dios no consumir por estas veinticuatro horas, voy adquiriendo un sentimiento de gratitud hacia mis compañeros, mi padrino, mi grupo y a Dios, sobre todo, que va derribando todas las barreras que construí para abandonarme, abatirme, aislarme y desolarme pues voy teniendo identidad con mis hermanos de sufrimiento espiritual, pues ellos son quienes mejor comprenden mi impotencia, mi ingobernabilidad y mi desastrosa existencia, me compadecen porque desean aliviar mi sufrimiento y mi tristeza, así como han padecido lo mismo que yo en diferentes escenarios.

 

Ya no estoy aislado ni desolado, hoy formo parte de mi grupo y del conjunto fraternal de seres hermanados por la recuperación.

 

Felices 24 horas superando la soledad y la desolación.

 

Fader.

 

 

 

 

 

Reflexiones Diarias

Escritas por los A.A. para los A.A.

SUPERAR LA SOLEDAD

 

Casi sin excepción, los alcohólicos hemos sido torturados por la soledad. Aun antes de que nuestra forma de beber empeorara y la gente empezara a alejarse de nuestro lado, casi todos nosotros sufrimos la sensación de que no podíamos pertenecer. 

 

COMO LO VE BILL, p. 90 

 

Las agonías y el vacío que a menudo sentía dentro de mí, hoy son cada vez menos frecuentes en mi vida. He aprendido a lidiar con la soledad. Solamente cuando estoy solo y tranquilo, puedo comunicarme con Dios, porque El no puede alcanzarme cuando estoy agitado. Es bueno mantener contacto con Dios en todo momento, pero es absolutamente esencial que, cuando todo parece ir mal, yo mantenga ese contacto por medio de la oración y la meditación.

 

Del libro Reflexiones Diarias
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