En la glosa del Undécimo Paso, en el segundo párrafo me hace ver cómo en mi enfermedad de la adicción activa solía no comprender el valor e importancia de la oración, y por eso me identifico cuando dice: Los A.As. (enfermos de adicción) somos gente activa disfrutando; de la satisfacción  de enfrentarnos a la realidad de la vida normalmente por primera vez en nuestra existencia, y tratando de ayudar al próximo alcohólico que encontremos. Así que no es de extrañar que a veces tengamos la tendencia a menospreciar la oración y la meditación, considerándolas como cosas no necesarias en nuestra vida.” 

 

Cuando enfrento momentos que me confrontan con mi quehacer cotidiano porque en mis cuestiones profesionales, personales y sociales me veo disminuido, observo como prescinden de mí, percibo cómo he dejado pasar tantas oportunidades en mi vida y que me encuentro en una situación desafortunada e incómoda, es muy fácil que se presenten momentos de depresión. Hago oración pidiendo guía, solicitando que la negatividad y la tristeza se eliminen de mi vida, que se me extirpe la frustración y que esto me permita ejercer la esperanza, el agradecimiento, el buen humor, la tolerancia de mi situación.

 

Cuando las cosas en el ámbito puramente humano, de relaciones con otros, de «prestigio y éxito profesional», de remuneraciones económicas, de respaldo financiero, en fin todo aquello que tiene que ver con el «triunfo en sociedad» y con la satisfacción de las necesidades personales y sobre todo familiares, pareciera que no tiene utilidad alguna la oración, y efectivamente no la tiene si mi oración es de petición y de solución a asuntos que poco tienen que ver con mi espiritualidad, pues mi soberbia, mis ideas de grandiosidad se vuelven contra mí y entonces aparece el sentimiento de autoconmiseración, mis ideas de inferioridad, por lo que menosprecio el valor y la utilidad fundamental de la oración.

 

Si bien, vivo circunstancias únicas, diferentes e incluso inesperadas, lo que es un hecho de realización cierta, es que me enfrento a la realidad de la vida por primera vez con suficiente conciencia cómo para darme cuenta de lo que sucede en mí y a mi alrededor, ya no tengo ningún escape, no busco evadirme y entonces aparece paradójicamente la primera buena noticia es que estoy abstemio y busco mantener el equilibrio emocional para gozar de sobriedad; la segunda que descubro es que si en medio de estos vaivenes en mi ánimo por vivir una realidad muy distinta a la que yo hubiera previsto es que al hacer oración y al escribir un inventario concreto de lo que surge dentro de mí para meditarlo, va llegando un estado de calma para poder vislumbrar adecuadamente la voluntad de Dios, que por sobre todo me pide que no consuma y que no viva mal revolcándome en mis resentimientos, en mis temores y darle rienda suelta a la frustración porque no se cumplen mis expectativas.

 

Empiezo a abandonar ese menosprecio por la oración puesto que yo he tenido la experiencia que en la medida que me alejo de buscar, contactar y mejorar mi unión con dios, comienzo a tener un vida ingobernable que solamente me causa sufrimiento, tristeza, melancolía y me lleva a la lamentación de la autoconmiseración constante. Al poner mi buena voluntad para hacer oración y la mente abierta para aceptar las sugerencias del Paso Once percibo que orar para dar gracias implica el reconocimiento de todas las bendiciones que tengo, de que debo agradecer todo lo que Dios me ha dado y me da, primordialmente, la gratitud por estar sobrio, por tener ajena a mi mente la obsesión de consumir y poder contar con herramientas que me ayudan a buscar y mantener la estabilidad emocional y precisamente para mantenerla ponerme en acción para orar y meditar adquieren importancia, y me muestran lo equivocado que estuve en la actividad en el aspecto de orar, así como cuando dudo que tengan alguna practicidad en mi proceso de recuperación, por lo que dejo de menospreciar para reconocer lo preciado de contactar conscientemente a Dios y dirigirle mis palabras, mis pensamientos y mis sentimientos, pues siempre encontraré de esta manera una mejor forma de serenarme y recibiré la esperanza y seguridad de que todo estará bien.

 

Cuántas veces menosprecié en mi vida situaciones, enseñanzas, personas, a mí mismo e incluso a Dios y posteriormente me lamentaba cuando observaba los resultados negativos y las pérdidas, y a pesar de ello cuántas veces caigo en el mismo error, y después lloro por los resultados adversos y la negatividad que se empodera en mi vida. Entonces, me queda claro que si el Programa de recuperación se sostiene y gira con relación a mi encuentro de Dios, no puedo soslayar la trascendencia e importancia de la oración para tener una comunicación constante con el mejor amigo que puedo tener, con el más eficiente de los directores, con el más eficaz jefe y con el más amoroso padre.

 

Gracias a los Doce Pasos he quedado habilitado para descubrir a mi Dios por lo que mi comunión con Él es indispensable para dejarle a Su cargo mi enfermedad de la adicción de tal suerte que Se lleve mi obsesión, elimine mis defectos de carácter y con ello las emociones y pensamientos negativos y nocivos de mi mente y de mi espíritu, para que yo tenga la oportunidad de dirigirme hacia la playa tranquila de la serenidad, a la que arriban las olas del valor y me otorgue la calidez de la luz de la sabiduría para avanzar en mi vida.

 

Cuando hice a un lado de mi vida a Dios tuve que caer para hincarme y volver a levantarme de su mano, lo cual comencé a hacer a través de dirigirle mi pensamiento, hacer mi meditación y mi oración del día. Así, encontré la paz y la entereza de una base firme de recuperación.

 

Felices 24 horas apreciando la oración y la meditación.

 

Fader.

 

Reflexiones Diarias

Escritas por los A.A. para los A.A.

IBA EMPEORÁNDOME RÁPIDAMENTE

 

Los A.A. somos gente activa, que gozamos de la satisfacción de enfrentarnos a la realidad de la existencia . . . no es sorprendente que a menudo tengamos la tendencia a menospreciar la meditación y la oración como algo realmente innecesario. 

 

DOCE PASOS Y DOCE TRADICIONES, p. 103 

 

Me estaba alejando del programa ya por algún tiempo, cuando la amenaza de una enfermedad mortal me hizo volver a la práctica del Paso Once de nuestra Comunidad. Aunque llevaba quince años y era muy activo en el programa , sabía que la calidad de mi sobriedad había desmejorado mucho. Dieciocho meses después, un examen médico reveló un tumor maligno y una prognosis de muerte segura dentro de seis meses. La desesperación se apoderó de mí cuando ingresé en un programa de rehabilitación, después del cual dos ataques de apoplejía revelaron dos tumores cerebrales grandes. Según iba tocando nuevos fondos, tenía que preguntarme por qué me estaba sucediendo esto. Dios me permitió reconocer mi deshonestidad y recibir enseñanza otra vez. Los milagros empezaron a suceder. Pero primordialmente volví a aprender el pleno significado del Paso Once. Mi salud ha mejorado dramáticamente y mis males son insignificantes en comparación con lo que casi perdí.

 

Del libro Reflexiones Diarias
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