El enunciado corto de la Séptima Tradición dice: “Cada grupo de A.A. debe mantenerse completamente a sí mismo, negándose a recibir contribuciones de afuera”. Y esta independencia financiera es algo fuera de lo común en lo cotidiano, ya que normalmente todas las organizaciones para realizar buenas causas o que presumen de quererlas hacer, siempre están solicitando donativos y contribuciones externas. En el caso de la Comunidad de la recuperación se tuvo la inspiración divina de hacerme responsable como enfermo de la adicción de mantener a mi grupo habitual funcionando, al tener que aportar a la canasta que se pasa al final de cada junta, como una muestra más de que debo hacer a un lado mi egoísmo  pensar generosamente en el bien común.

¿Cuántas veces yo he incurrido en el hecho de no dar lo que me corresponde?, ¿Cuántas veces he juzgado lo que los demás compañeros no contribuyen?, ¿Cuántas veces he criticado a quienes considero podrían contribuir y aportar más?, no obstante, ¿Cuántas veces me he preguntado cuánto vale mi sobriedad, mi terapia en el grupo, mi catarsis en la tribuna, el abrazo de un compañero, la palmada de mi padrino y la tranquilidad del recinto?

En mi grupo he podido valorar los sentimientos de afecto, comprensión, consuelo, armonía, alegría y amor gracias a pertenecer a la Fraternidad del espíritu del perdón, de la verdad y de la fe.  ¿Cómo se puede pagar esto?, ¿Cuánto debo contribuir para sostenerlo y agradecerlo?, ¿Cuánto vale la hora y media del tiempo  de cada uno de mis compañeros que me regalan en cada junta?

La Séptima Tradición describe en una línea la experiencia de Bill W. al respecto y hay una línea que a mí me ha enseñado a ver en la contribución del dinero que pongo en la canasta algo mucho más valioso, importante y trascedente que el simple hecho del pago de los gastos de renta, luz, limpieza y café: Había un lugar en A.A. donde la espiritualidad y el dinero sí podían mezclarse: en el sombrero”. 

Dar “mi séptima” es una parte que muestra mi decisión de combatir mi egoísmo con generosidad; mi elección de ser responsable de mi recuperación para controvertir la irresponsabilidad que me caracterizaba en la actividad; mi decisión de ser fiel y leal a mi grupo de recuperación y así aprender a comprometerme, dejando a un lado sentirme “obligado”; es una muestra de que estoy dispuesto a desprenderme de lo material para darle prioridad a lo espiritual. Es tener un auténtico interés por mis semejantes; en fin, para mí significa una acto que muestra mi intención de accionar en unicidad de objetivos con la Voluntad de Dios.

Felices 24 horas dándole valor a mi sobriedad.

Fader.

Reflexiones Diarias

Escritas por los A.A. para los A.A.

26 DE JULIO

EL “VALOR” DE LA SOBRIEDAD

Todo grupo de A.A. debe mantenerse completamente a sí mismo, negándose a recibir contribuciones de afuera. 

DOCE PASOS Y DOCE TRADICIONES, p. 169 

Cuando salgo de compras miro los precios y si necesito lo que veo, lo compro y lo pago. Ahora que estoy en rehabilitación, tengo que corregir mi vida. Cuando voy a una reunión, tomo café con azúcar y crema, algunas veces más de una taza. Pero a la hora de la colecta, o estoy muy ocupado para sacar dinero de mi cartera o no tengo lo suficiente, pero estoy ahí porque necesito esta reunión. Oí a alguien sugerir que se debe echar en la cesta el precio de una cerveza y pensé ¡eso es demasiado! Casi nunca doy un dólar. Como muchos otros, yo confío en que los miembros más generosos financien la Comunidad. Me olvido que se necesita dinero para el alquiler del local de reuniones, comprar café, leche, azúcar y tazas. Gustoso pago un dólar por una taza de café en un restaurante después de la reunión; siempre tengo dinero para eso. Así es que, ¿cuánto vale mi sobriedad y mi paz interior?

Del libro Reflexiones Diarias
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