En el Libro Grande, Capítulo X, “A Los Patrones”, encuentro una explicación muy clara de cómo las demás personas perciben, muchísimas veces, al enfermo de adicción, cómo se llega a sentir algún desprecio y porque nace una especie de estigma que lo considera un hombre irresponsable y por tanto vicioso, ya que, incluso para aquellos que conocemos por experiencia la enfermedad a veces resulta complicado tener un puente de comprensión con quien sigue consumiendo, tal y como las siguientes líneas expresan: “Si usted bebe moderadamente, quizá le fastidien más los alcohólicos que a aquellas personas que no beben en absoluto. El hecho de beber ocasionalmente y comprender sus propias reacciones le proporciona una seguridad hacia tantas cosas que no tienen necesariamente los alcohólicos. Si bebe moderadamente, puede beber o no beber, a voluntad. Usted puede controlar su manera de beber cuando lo desee. Si una noche se sobrepasa, podrá levantarse en la mañana, sacudir su cabeza e ir a atender sus ocupaciones. Para usted, el alcohol no es verdaderamente un problema. No puede comprender que lo pueda ser para alguien más, a menos que sea una persona sin voluntad o un estúpido.

 

Una vez que trate con un alcohólico, puede sentirse, y es algo natural, fastidiado por su debilidad, su estupidez y su irresponsabilidad. Aun aquéllos que comprendan esta enfermedad pueden reaccionar de esta manera.”

 

Es muy común, que un enfermo de adicción (alcohólico y/o adicto) sea considerado una persona sin voluntad, un estúpido, un irresponsable, un juerguista, un libertino, un vicioso y un desenfrenado porque la gran mayoría de las personas tienen la creencia que consumir es algo que debe regirse por la fuerza de voluntad, se trata de tener valor civil, se trata de atreverse a manejar las copas, se trata de aprender a beber y se trata de autocontrol. He aquí donde radica el problema para ser comprendidos por aquellos que no son aquejados por la enfermedad de la adicción, puesto que no tienen forma de entender cómo es posible que alguien que siempre cuando bebe se mete en problemas, que ha tenido pérdidas, que reiteradamente hace el ridículo, que constantemente lastima a su esposa, hijos, padres y gente que lo aprecia siga consumiendo, que no sepa tomar decentemente y que no pueda vivir sin beber y/o sin drogarse.

 

Estas líneas del Libro Azul son muy sabias porque curiosamente plantean el hecho de que para alguien que no consume absolutamente nada, es más común tener la tendencia a no juzgar tan duramente porque no está en posibilidad de comparar con su propia experiencia la forma en que debe controlarse el consumo. Sin embargo, para quien consume con control, que no tiene problemas de parar, que no tiene dificultad de manejar sus copas, que  acostumbra tener un consumo que le permite no alterar su estado de ánimo o que esporádicamente ha tenido un consumo excesivo le cuesta mucho trabajo, entender cómo es posible que alguien se siga de largo en el consumo, que devaste su vida, que afecte la vida de los que le rodean, que sea el bufón de las reuniones, que haga el ridículo, que ofenda e insulte y pierda toda compostura, o que aún teniendo conflictos legales, de pareja y económicos siga consumiendo y que a pesar de todo esto siga empecinado en beber.

 

En mi experiencia personal, lo grave de este estigma es que dentro de la Comunidad de la recuperación existen algunos compañeros, que se desesperan, que se molestan y hasta se sienten ofendidos cuando hay recién llegados que no se quedan en el grupo, o cuando algún compañero recae, e incluso llegan a juzgar, olvidándose que esto precisamente es parte de la esencia de los enfermos de adicción y que con toda asertividad señala el Sexto Paso: “Cuando un hombre o una mujer consumen tanto alcohol (y/o drogas) que destruyen su vida, hacen algo que va completamente “contra natura”. Al desafiar su deseo instintivo de conservación, parecen estar empeñados en destruirse a sí mismos. Actúan en contra de su instinto más profundo. Conforme se ven humillados por los terribles latigazos que les da el alcohol {y las drogas], la gracia de Dios puede entrar en sus vidas y expulsar su obsesión.” Esto ejemplifica que la obsesión es tan grande que me puede llevar a suicidarme lentamente a través del consumo, a tal grado que esta obstinación, terquedad, obcecación y compulsión por consumir rebasen mi instinto de conservación, y por tanto vaya en contra directamente de los dictados de la naturaleza y de la voluntad de Dios.

 

Cuando siento la tentación de juzgar a otros compañeros o enfermos de adicción primero viene a mi mente que es absurdo que alguien tan lleno de defectos, como yo, se sienta con el derecho de descalificar a otros y al mismo tiempo me gusta recordar la parte de Sexto Paso que me señala que esta es una actitud farsante: “Podemos hasta gozar de un estado colérico (ira) que creemos es justificado. Puede causarnos satisfacción el hecho de que muchas personas nos resulten  odiosas, porque nos da un sentido de superioridad. De una manera perversa, una forma sutil de matar la personalidad del individuo es la murmuración incitada por la ira. En este caso no estamos tratando de ayudar a los que criticamos, sin darnos cuenta estamos divulgando nuestra hipocresía.”

 

Así, he puesto mi mejor buena voluntad para comprender a aquellos que no quieren o no pueden recuperarse, aceptar que no está en mi control ni en el de mis compañeros ni de la Comunidad que decidan entrar y mantenerse en recuperación, puesto que yo soy una prueba de que por mí mismo no pude rehabilitarme sino que por la gracia de Dios es que yo he alcanzado y mantengo mi sobriedad, así como sé que mi libre albedrío pudo estar tan trastocado que bien pudo decidir hacer a un lado a Dios y entonces mi soberbia requirió del consumo para satisfacer mi egoísmo y para evadir mi realidad.

 

Por estas veinticuatro horas, pongo la buena voluntad de comprender a quienes sufren de la enfermedad de la adicción y de las emociones negativas, puesto que yo he pasado por ahí y sé que cuando he caído en las garras del consumo es porque mi impotencia es muy grande y ha sido lamentablemente alimentada por mi ingobernabilidad, con una ausencia de Dios en mi vida.

 

Doy gracias a Dios de estar en recuperación, de poder comprender a los que sufren y pido que me permita no juzgar, criticar ni condenar a aquellos que no pueden o no quieren dejar de sufrir y consumir.

 

Felices 24 horas de comprender la enfermedad.

 

Fader.

 

 

Reflexiones Diarias

Escritas por los A.A. para los A.A.

19 DE DICIEMBRE

COMPRENDER LA ENFERMEDAD

 

Cuando se trata con un alcohólico puede causarle una molestia natural el pensar que un hombre puede ser tan débil, estúpido e irresponsable. Aun cuando usted comprenda mejor el mal, puede que este sentimiento aumente. 

 

ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS, p. 129 

 

Por haber sufrido del alcoholismo, yo debería comprender la enfermedad, pero algunas veces siento molestia y aun desprecio hacia una persona que no pueda lograrlo en A.A. Cuando me siento así, estoy satisfaciendo un falso sentimiento de superioridad y tengo que recordar que, si no fuera por la gracia de Dios, ése podría ser yo mismo.

 

Del libro Reflexiones Diarias
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