En el Libro Grande, Capítulo VII, “Trabajando con los Demás”, me hace una sugerencia importante a la hora de hacer un Duodécimo Paso, para no echar a perder la posibilidad de que alguna persona se acerque al Programa de recuperación y por eso me dice: “Cuando esté trabajando con un hombre y su familia, ponga atención para que no se inmiscuya en sus disputas. Si lo hiciera, podría arruinar su posibilidad de ser útil.”

 

Cuando he tenido que hablar con familiares de otros enfermos de adicción al hacer un Paso Doce, intento evitar dar mi opinión porque he aprendido que no tengo la capacidad de juzgar, así como estoy convencido de que los consejos no sirven, pues todos los que me dieron a mí no me hicieron dejar de beber ni tampoco guiaron a mi esposa e hijos para entender o siquiera para que se protegieran a sí mismos.

 

Evito dar mi opinión y consejo porque eso implica hacer un juicio de valor o una crítica, que alimentan la falsedad y la hipocresía de que me sienta superior o iluminado espiritualmente ante el alcohólico y/o adicto que requiere ayuda e incluso es fácil que de la misma manera sólo marque los errores de la familia o que tome partido de manera irresponsable.

 

Tengo que ser muy claro con la familia respecto al hecho de que el alcohólico y/o adicto es un enfermo que tiene una dependencia química a la sustancia; y que la familia tiene una dependencia  al alcohólico y/o adicto por lo que tiene una dependencia emocional que lo lleva a querer controlar al enfermo de adicción. Que en ambos casos ni uno puede controlar o manejar su consumo y los otros no pueden manejar ni controlar al adicto. Por lo tanto sugiero que lean el Libro Grande y busquen un grupo de Doce Pasos (Al-Anon, Codependientes Anónimos, Familias Anónimas, Hijos Adultos de Alcohólicos, Al-Ateen) para que puedan entrar en recuperación y conocer el Programa, ya que generalmente lo único que los mismos familiares ven es que el alcohólico y/o adicto es el que está mal, pues muchas veces no alcanzan a ver las dificultades interpersonales entre los miembros de la familia que se causan y la inestabilidad emocional en la que se encuentran y participan, pues el enojo es con todos así como, por todo se alucinan unos a otros y obviamente el enfermo de adición es aborrecido porque es la fuente de sufrimiento y de daño. Es bueno decir que, en algún momento si se recupera, puede ser alguien fabuloso con quien convivir y del cual aprender; y eso es una manera de inyectar esperanzas.

 

En mi caso personal, esto es muchísimo más complicado cuando se trata de mi propia familia porque tenga la necesidad de hablar respecto del problema de alcoholismo de una hija, de un hermano o cualquier otro pariente, ya que es factible que surja mi tendencia a querer dar mi opinión, aconsejar e inevitablemente juzgar, pues mi objetividad está afectada. Entonces debo hacer oración y pedirle a Dios guía para que me otorgue las palabras, los pensamientos y los sentimientos correctos para ayudar a los familiares y sobre todo para poder tenderle yo u otros la mano amiga de la recuperación.

 

Hoy sé, que lo único que puedo hacer es transmitir mi propia experiencia, narrar mi historial y sobre todo infundir esperanza. Tengo que ser honesto y describirme en la actividad, mis consecuencias y el autoengaño así como mostrar, con mi ejemplo, el cambio positivo que ha tenido mi vida en recuperación. 

 

He aprendido que tengo que tender un puente de comprensión en la enfermedad de la emociones negativas para que de esta forma mi mensaje a los familiares irradie los principios espirituales del Programa de recuperación y de esta manera se establezca la posibilidad de que el adicto y/o alcohólico pueda tomar la decisión de rehabilitarse.

 

Felices 24 horas de escuchar, compartir y orar.

 

Fader.

 

Reflexiones Diarias

Escritas por los A.A. para los A.A.

21 DE DICIEMBRE

ESCUCHA, COMPARTE Y ORA

 

Cuando estés tratando de ayudar a un individuo y a su familia, debes cuidarte de no participar en sus disputas. Si lo haces, puedes perder la oportunidad de ayudar. 

 

ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS, p. 93 

 

Varias veces al tratar de ayudar a un compañero alcohólico, yo he cedido al impulso de dar consejo, quizá esto sea inevitable. Pero conceder a otros el derecho a estar equivocados, produce sus propios beneficios. Lo mejor que puedo hacer – y ponerlo en práctica parece más fácil de lo que es – es escuchar, compartir experiencia personal y orar por otros.

 

Del libro Reflexiones Diarias
Copyright © 1991 by Alcoholics Anonymous World Services, Inc.