El Octavo Paso dice:Resulta contradictorio que una persona como nosotros, que está llena de defectos censure los de los demás. Recordemos que no sólo los alcohólicos somos atormentados por emociones enfermizas. Más aún, generalmente es un hecho que nuestro comportamiento cuando habíamos estado bebiendo exasperó los defectos de los demás. En repetidas ocasiones colmamos la paciencia de nuestros mejores amigos, y también a otras personas les hicimos salir a relucir lo peor de sus defectos y que no nos tenían en un buen concepto. En muchos casos tratamos con otros que sufren tanto como nosotros y a los que les hemos empeorado sus sufrimientos.”

Esto es algo que me gusta tener lo más presente posible porque es algo común -por la misma inercia del funcionamiento del mundo material y de índole puramente humano- el sentirme con la capacidad de censurar, criticar y desaprobar los actos de los demás, lo cual podría tener cierto fundamento, pero lo más general es que me sienta con la capacidad de censurar, criticar y desaprobar a las personas, sean mis compañeros, mi padrino, mis terapeutas, mi esposa, mis hijos, mi familia, en fin a cualquiera con quien me sienta con capacidad para apuntar con el dedo para señalar a los demás sin darme cuenta que antes de hacerlo debo revisarme a mí mismo.

Es un verdadero absurdo emitir juicios que lo único que buscan es alimentar mi ego porque me permiten sentirme “bueno”, “mejor que los demás”, “superior espiritualmente” y “con mayor conocimiento y sabiduría que los otros”, lo cual desmerece cualquier opinión que yo tenga respecto a una situación y/o una persona, ya que no existe un genuino interés de aportar un apoyo, una ayuda o una solución, sino simplemente marcar los defectos de otros y querer resaltar “mis cualidades”.

Por esto en el libro “El Lenguaje del Corazón” me vuelven a señalar el hecho de que no puedo censurar a nadie cuando me comparte esta experiencia: “Al reflexionar sobre ello, la manera en que algunas veces los “dignos” alcohólicos han tratado de juzgar a los “menos dignos” es más bien cómica. Imagínate, si puedes, ¡un alcohólico juzgando a otro!.”

 

En lo cotidiano no solamente debo aprender a tener comprensión, paciencia y tolerancia con mis compañeros y con quienes interactúo sino que debo tener la honradez conmigo mismo para autoexaminarme y descubrir los actos que yo he realizado que puedan haber influido o influyen en sacar lo peor de los otros, en ser un detonador de sus defectos e incluso desesperarlos para poder exhibir mi posición de víctima y auto-conmiserarme.

 

Una vez que reviso mi propio historial y mis actos recientes encuentro que he sido una persona llena de defectos e instintos exacerbados que me causó y de pronto me causa dificultades y afectaciones, por tanto es importante que intente la empatía y en todo caso mis opiniones y mis compartimientos solamente deben sustentarse en mi experiencia personal, estableciendo lo que me sucedió y la forma en que lo solucioné favorablemente o que lo resolví de manera inadecuada. De esta manera, puedo aportar alguna ayuda, en lugar de solamente juzgar y censurar.

 

Así, lo que puedo comunicar y contribuir son los principios , espirituales de tolerancia, honestidad, generosidad, perdón, armonía y amor para llevar verdad y esperanza que otorguen la fortaleza para resolver un problema o para trascender una aflicción, e imponer en mi acción a los principios espirituales y no mi personalidad.

Felices 24 horas con prioridad a los principios y no a las personalidades.

Fader.

Reflexiones Diarias

Escritas por los A.A. para los A.A.

22 DE DICIEMBRE

PRINCIPIOS, NO PERSONALIDADES

Al reflexionar sobre ello, la manera en que algunas veces los “dignos” alcohólicos han tratado de juzgar a los “menos dignos” es más bien cómica. Imagínate, si puedes, ¡un alcohólico juzgando a otro!. 

 

EL LENGUAJE DEL CORAZÓN, p. 37 

¿Quién soy yo para juzgar a nadie? Cuando entré en la Comunidad, descubrí que todos me gustaban. Después de todo, A.A. me iba a ayudar a vivir una vida mejor sin alcohol. La realidad era que a mí no me podrían gustar todos y tampoco yo a ellos. A medida que me he desarrollado en la Comunidad, he aprendido a amar a todos solamente por haber escuchado lo que ellos tenían que decir. Esa persona allá, o ésta aquí, puede ser la que Dios ha elegido para darme el mensaje que necesito hoy. Siempre debo recordar anteponer los principios a las personalidades.

Del libro Reflexiones Diarias
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