Al principio cuando leía el Libro Azul y los Pasos, así como escuchaba las tribunas de los compañeros entendía por sobriedad el hecho de dejar de beber. Después, fui aprendiendo que sobriedad implicaba dejar de sufrir por el pasado, por el futuro y por el presente puesto que, en estas 24 horas sólo le pido a Dios que me ayude a cargarlas y resolverlas según Su Voluntad.

 

Para comenzar, hay que tener el deseo sincero de dejar de consumir, pues si no lo hago no tengo la capacidad de entender el Programa de recuperación, mas -sobre todo- no tengo la mente abierta ni la buena voluntad para aceptar lo que me sugiere la literatura y la comunidad A.A.

 

Al seguir leyendo y avanzando me doy cuenta que se trata de un Programa de vida sustentado en la espiritualidad para tener un profundo cambio de personalidad, nuevos juicios y actitudes, un  nuevo estado de conciencia para tener una vida útil y feliz.

 

Sobriedad, entonces, significa para mí equilibrio emocional, armonía en mi vida, tranquilidad en mi actuar, servicio auténtico a los demás en fin desarrollo y progreso espiritual,

 

Felices 24 horas de sobriedad.

 

Fader.

 

Reflexiones Diarias

Escritas por los A.A. para los A.A.

2 DE ENERO

“PRIMERO, LOS CIMIENTOS” 

Es la sobriedad todo lo que podemos esperar tener de un despertar espiritual? No, la sobriedad no es sino el mero comienzo.

COMO LO VE BILL, p. 8

 

Practicar el programa de A.A. es como construir una casa. Primero tuve que poner una capa grande y gruesa de concreto sobre la cual erigir la casa; para mí, eso correspondió a dejar de beber. Pero es muy incómodo vivir desprotegido en una capa de concreto, expuesto al calor, al frío, al viento y a la lluvia. Así que construí un cuarto sobre la base empezando a practicar el programa. El primer cuarto era un poco tambaleante porque yo no estaba acostumbrado al trabajo. Pero con el paso del tiempo, según iba practicando el programa, aprendí a construir mejores cuartos. Mientras más practicaba y más construía, más confortable y feliz era la casa que tenía, la casa en que vivo ahora.

Del libro Reflexiones Diarias
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