El hecho de que todas las veces que me subí al ring contra el alcohol resultarán en una derrota contundente, no significó que tuviera la idea de que yo no podía beber. De hecho creía que solamente se trataba de encontrar la forma adecuada de beberme el alcohol y no que el alcohol me bebiera a mí.

 

Cuando me llegó ese momento en que sentí la necesidad de parar y darme cuenta que no podía hacerlo, a pesar de que no tenía una frecuencia diaria, no tenía que ingerir grandes cantidades de alcohol, no tenía que sentirme de una determinada forma específica, no tenía que estar de fiesta; fue entonces que era un alcohólico que estaba sufriendo porque con nada que hubiera tratado podía controlarlo.

 

Así, cuando doy y practico el Primer Paso reconozco mi impotencia ante el alcohol, y reconozco mi impotencia ante mis emociones negativas porque precisamente esas emociones que me hacen actuar con mal juicio y de manera egoísta son las que me llevan a beber para después causarme culpa y tener cómo consecuencia que pase mal -mental, física y espiritualmente- los días, llevándome a beber nuevamente.

 

Para sobrevivir es que bebía. Ahora al admitir mi impotencia, hago presente que he torcido mi vida con una copa o sustancia en la mano, acepto que por la negatividad de mis emociones, por mi ego, mi soberbia, mis resentimientos, mis temores, mis conductas inadecuadas es que sufro y hago sufrir a los que más quiero

 

Uno de los grandes problemas de mi ingobernabilidad es que mi obsesión me quiere jugar la trampa de que yo puedo no sólo con el alcohol sino con mi vida, por eso hay que reafirmar y dar al cien por ciento el Primer Paso y entonces estar en posibilidad de poner mi vida y mi voluntad al cuidado de Dios y que me devuelva el sano juicio.

 

Falta de poder es mi problema, mas tiene una solución al encontrar a mi Poder Superior, pues Él hace y hará por mí,  estas 24 horas, lo que yo ni nadie puede.

 

Felices 24 horas.

 

Fader.

 

Reflexiones Diarias

Escritas por los A.A. para los A.A.

3 DE ENERO

IMPOTENTE

Admitimos que éramos impotentes ante el alcohol; que nuestras vidas se habían vuelto ingobernables.

DOCE PASOS Y DOCE TRADICIONES, p. 19

 

No es una mera casualidad que el mismo Primer Paso mencione la impotencia: la admisión de impotencia personal ante el alcohol es la piedra angular de la base para la recuperación. Me he dado cuenta que no tengo el poder y el control que una vez creía tener. Soy impotente ante lo que la gente piense de mí. Soy impotente ante el hecho de haber perdido el tren. Soy impotente respecto a la forma en que otra gente trabaje (o no trabaje) en los Pasos. Pero también me he dado cuenta de que no soy impotente ante otras cosas. No soy impotente ante mis actitudes. No soy impotente ante el negativismo. No soy impotente en cuanto a asumir la responsabilidad de mi propia recuperación. Tengo el poder de ejercer una influencia positiva sobre mí mismo, sobre mis seres queridos y sobre el mundo en el que vivo.

 

Del libro Reflexiones Diarias
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