“Las medidas parciales no nos sirvieron para nada. Estábamos en el punto de cambio. Entregándonos totalmente, le pedimos a Dios su protección y cuidado.”  (Libro Alcohólicos Anónimos, Capítulo V, “Como Trabaja”)

 

Muchas veces intenté medidas parciales porque no me abocaba a fondo, simplemente “nadaba de muertito”, porque creía que me alcanzaba con pedir que se arreglara todo en mi vida sin hacer lo necesario; porque las decisiones salían desde el enojo, el miedo y la prepotencia; porque por mi falta de acción muchas veces la vida o las circunstancias decidían por mí. 

 

Pensaba que bastaba un rezo repetido con una serie de peticiones para que las mismas debieran ser cumplidas porque “me lo merecía”, porque “era injusto”, porque “yo era una víctima”. Una visión parcial donde no reconozco mis actos y mucho menos acepto mis consecuencias.  Cuántas veces hasta en el lenguaje me equivocaba y en lugar de decir que alguien es imparcial (no tiene interés a favor de ninguna de las partes) decía es parcial. 

 

Ahora el Programa de recuperación me ha indicado el camino para entregar mi vida y mi voluntad al cuidado de Dios, tener fe en que vivir los Doce Pasos funciona, tener la oportunidad de empezar cada día con claridad, hacer mi inventario diario para detectar, admitir y corregir mis defectos, en fin para progresar espiritualmente y tener una mejor manera de vivir para no vivir a mi manera. 

 

Lo cotidiano me enfrenta a todos mis defectos así como a los defectos de los demás y para poder pasar el día con tranquilidad y avanzar,

 

Hoy sé, que el camino es entregarle a Dios los problemas que surgen del enfrentamiento de estos defectos e instintos conmigo mismo y con otros. Una vez que se los entrego en su totalidad, no sólo una parte (parcial), pido que me dejé conocer Su Voluntad para hacerla y cumplirla.

 

No ha sido fácil soltar porque crecí bajo la enseñanza de “tú puedes”, “échale ganas”, “querer es poder”, “eres muy inteligente”. Hoy comprendo que mi falta de poder requiere de un Poder Superior que Haga por mí lo que yo no pude, ni puedo.

 

No se trata de “trabajar mis defectos”, “de hacerle al revés”, sino de estar dispuesto y pedir humildemente a Dios que me libere de mis defectos de carácter, sólo por hoy, y que me guíe hacia sentimientos y pensamientos positivos, 

 

Felices 24 horas en el punto de cambio.

 

Fader.

 

Reflexiones Diarias

Escritas por los A.A. para los A.A.

7 DE ENERO

EN EL PUNTO DE CAMBIO

 

Las medidas parciales no nos sirvieron para nada. Estábamos en el punto de cambio. Entregándonos totalmente, le pedimos a Dios su protección y cuidado.

 

ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS, p. 59

 

Todos los días yo me encuentro en momentos decisivos. Mis pensamientos y mis acciones pueden impulsarme hacia el desarrollo o encaminarme a las viejas costumbres y a la bebida. Algunas veces los momentos decisivos son comienzos, como cuando empiezo a encomiar, en lugar de criticar a alguien. O cuando empiezo a pedir ayuda en lugar de intentarlo solo. Otras veces los momentos decisivos son finales, tales como cuando veo claramente la necesidad de dejar de alimentar resentimientos o el egoísmo. Muchos defectos me tientan diariamente; por esto yo tengo también oportunidades diarias para darme cuenta de ellos. De una u otra manera, muchos de mis defectos de carácter aparecen diariamente: la autocondena, la ira, la evasión, la soberbia, el deseo de desquitarme y la grandiosidad.

 

Intentar medidas parciales para eliminar estos defectos solamente paralizan mis esfuerzos para cambiar. Solamente cuando le pido ayuda a Dios, con total entrega, llego a tener la voluntad y la capacidad para cambiar.

 

Del libro Reflexiones Diarias
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