En el Libro Grande, Capítulo VI, “En Acción”, tiene un párrafo que me muestra cómo he sido en la actividad y lo grave que pueda llegar a ser mi negación porque pienso que es suficiente dejar de consumir para que todo se arregle en mi vida y en mi alrededor, lo que es una señal inequívoca de mi gran ego y de mi soberbia porque vuelvo a establecer que tengo el poder de dejar de beber y por tanto es bastante para alcanzar los cambios que quiero de mi vida; sin embargo, una vez más me presentan la experiencia de millones de alcohólicos que me han antecedido cuando leo: “El alcohólico es como un huracán que por donde pasa destruye la vida de los otros. Lastima corazones, destruye relaciones amorosas, desenraiza los afectos. Su egoísmo y su falta de consideración constantes mantienen el hogar en un tumulto.Creemos que, cuando alguien dice que es suficiente estar abstemio, no sabe lo que está diciendo. Es como el campesino que al salir del refugio anticiclones se encuentra su casa en ruinas y le dice a su esposa: „No pasa nada, mujer. No te alarmes, lo importante es que el viento ha cesado.”

Hoy este hecho se hace muy evidente en mi vida porque al mirarme en el espejo de un alcohólico en actividad, de un alcohólico que ha podido tapar la botella por algún tiempo, de un alcohólico que cree que se trata de tener fuerza de voluntad, de inteligencia y que incluso justifica todas sus acciones por algo que le hicieron en su pasado, sea real o imaginario, no me queda más remedio que hacer un puente de comprensión y saber que alguna vez pensé y viví igual; a veces la diferencia de que no haya podido hacer un daño mayor o de que me consintieran mi manera de beber fue que no tuve el dinero ni el poder suficientes como “para ser respetado”, “para ser justificado por los demás”, “para se soportado impunemente”, “para hacer lo que fuera y que no pasara nada”.

Doy gracias a Dios, que hasta en eso me cuidó, porque no me permitió conseguir más balas, cartuchos, bombas y demás para ser más destructivo y me iluminó siempre con una pequeña dosis de espiritualidad, de moralidad o de conciencia que me frenaron más de una ocasión, incluso el temor a otras represalias fue un ingrediente que a veces pesó para -dentro de mi locura del consumo- detenerme de alguna forma.

Al ir comprendiendo el Programa de recuperación tuve que enfrentar el hecho de que mi vida ingobernable, mis emociones negativas, mi manera de pensar equivocada y esa obsesión de querer: que todo fuera como yo decía; que todo sucediera como yo imaginaba, que todos solamente me quisieran a mí; y en fin que quien no estaba conmigo estaba contra mí, obviamente me causaba problemas y se los causó a los demás. También debo reconocer que fui tan miedoso, incluso intoxicado, que con quienes sentía dependencia económica, material, social o profesional normalmente me hacía chiquito, me agachaba, me ponía de tapete y entonces mis explosiones por la frustración, la envidia, la inseguridad se daban con quien ha sido mi esposa, con mis hijos y con quienes vivían directamente conmigo y que yo sentía “tenían la obligación de soportarme” y era tan loco que aún así negaba haber consumido.

Redimirme, reconstruirme y comenzar a tener un equilibrio emocional que me permita tener la posibilidad de adquirir un nuevo estado de conciencia y gozar de un cambio profundo de personalidad es la tarea de un día a la vez para mi recuperación, una acción continua que no termina nunca y que no es posible finiquitar porque mi enfermedad es incurable y además es progresiva por lo que siempre debo estar alerta para que las circunstancias, sean las que sean, no conformen un disturbio emocional, o como se dice en el argot: “nazca quien nazca, muérase quien se muera no consumo”.

Hacer reparaciones de los daños fundamentalmente puedo lograrlas con el ejemplo y atracción de mi vida, mostrando mi fortaleza, mi tolerancia, mi paciencia, mi generosidad, mi tranquilidad cada veinticuatro horas, mas muy especialmente en los momentos de dificultad, de adversidad, de incertidumbre, de tristeza y de dolor en el espíritu, cuando las cosas se ponen tan difíciles que quisiera salir corriendo de esta vida, cuando pienso que sentir duele mucho pero que me muestra que tengo la capacidad de hacerlo y no de anestesiarlo; en fin cuando vienen los jalones importantes de la vida.

Reedificar mi existencia, intentar pegar los corazones rotos de mi esposa, de mis hijos, buscar armonía con quienes están resentidos, con quienes incluso muestran su odio, su violencia, su desprecio por mí, intentar levantar la cabeza y mostrar que he aprendido a ser humilde porque conozco mis debilidades, mis defectos, mis fortalezas y mis limitaciones; procurar llevar alegría y serenidad aún en medio de la más dura tormenta, en fin vivir con tolerancia y amor para mis semejantes teniendo al frente de mi vida a Dios, eso puede llegar a ser una prueba de que estoy realmente poniéndome en acción para estar en recuperación.

Construir una nueva vida interior para que realmente se irradie en el exterior es mi propósito diario, aunque a veces haya a quienes esto les moleste o les ofenda porque los refleja y les hace ver sus propios errores, porque los Doce Pasos me llevan a practicar todos los principios espirituales en todos los asuntos de mi vida y no sirven únicamente para dejar de consumir, sino para tener una vida útil y feliz. Hay retos que me forjan al calor de la adversidad y hoy he aprendido a agradecerlos, aunque no los entienda y aunque no me gusten y acciono para que tengan una solución sabiendo que los resultados sólo le conciernen a mi Dios.

Felices 24 horas compartiendo el don de la sobriedad.

Fader.

Reflexiones Diarias

Escritas por los A.A. para los A.A.

3 DE SEPTIEMBRE

CONSTRUIR UNA NUEVA VIDA

Creemos que es un irreflexivo el hombre que dice que le basta con abstenerse de beber. 

ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS, p. 77 

Cuando hago mis reflexiones sobre el Paso Nueve, veo que la sobriedad física debe ser suficiente para mí. Tengo que recordar la desesperanza que sentía antes de encontrar la sobriedad y lo dispuesto que estaba para hacer todo lo que fuera necesario para conseguirla. No obstante, la sobriedad física no es suficiente para aquellos que me rodean porque tengo que procurar que el don de Dios sea usado para edificar una nueva vida para mi familia y seres queridos. De igual importancia, tengo que estar disponible para ayudar a otros que desean la manera de vivir de A.A. Le pido a Dios que me ayude a compartir el don de la sobriedad para que aquellos a quienes conozco y amo puedan ver sus beneficios.

Del libro Reflexiones Diarias
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