29 de Enero.

Cada vez que leo el pensamiento del día, me digo a mí mismo: “esto es para reflexionarlo con serenidad”, porque el tiempo y el intento de practicar los principios espirituales del Programa de recuperación, me han enseñado que por simple que parezca un texto, cada párrafo, incluso cada línea tiene mucho que ofrecer para su estudio y para mi aprendizaje emocional.

Muchas veces me he dicho, que en cuanto al “grado escolar” de mis emociones, o como escuchara de un compañero “¿cuál es el parámetro de mi recuperación?, mi respuesta es que estoy en “kindergarden” o “preescolar”, porque crecer en este aspecto ha sido el más difícil de mi vida.

Hay una alegría muy especial en pertenecer a AA o NA o cualquier grupo de Doce Pasos, porque hay un puente de comprensión, porque estoy entre iguales, porque he aprendido que de lo ignominioso de mi vida he resurgido de mis cenizas, he tenido un lugar donde he podido renacer y he podido recibir una gran esperanza de vida de mis compañeros en recuperación y al mismo tiempo para la suspensión diaria de mi propia enfermedad así como para mi cambio de juicios y actitudes he podido ser un conducto para los que llegan después de mí, a veces incluso para aquellos que ya tienen más veinticuatro horas que yo.

Es una Fraternidad, todos somos hermanos, nos damos la mano y nos abrazamos con el más fraternal cariño, porque sabemos que no estamos por causalidad en el mismo lugar sino que Dios, como cada uno lo conciba, nos ha permitido la gracia de llegar o regresar para salvar nuestra vida o lo que creíamos que era vida, para realmente aprender a vivir; y al mismo tiempo y mucho más importante para salvar nuestra alma de la oscuridad. Por lo menos es así en mi caso personal.

En la Comunidad de la recuperación -de acuerdo a mi experiencia personal- el amor fraternal no se basa en la afinidad de gustos, personalidad o costumbres similares, sino que tiene su origen en algo que es de procedencia divina, el amor, porque el Poder Superior o Dios es amor.

El amor fraternal es el vínculo que nos une espiritualmente, a los compañeros cómo enfermos sobrevivientes que profesamos una misma fe en el Programa de recuperación y en el hecho de poner nuestra voluntad y nuestra vida al cuidado de un Poder Superior o Dios, como cada uno lo conciba para sí mismo.

Cuando leo el Libro Azul o el Libro Grande (Alcohólicos Anónimos) descubro esta maravillosa promesa de tener una experiencia inigualable de una felicidad auténtica; de un interés verdadero por el bienestar de otro; una amistad sincera; la debida consideración entre unos y otros; el aprendizaje de poder decir lo que me molesta para no guardar resentimientos; preguntar lo que me causa duda; solicitar sugerencias para contrarrestar mis temores; en fin poder compartir la vida sin mayor afán que el estar bien yo mismo, y a través de mi propia manera de vivir y de compartir regalar la dádiva que he recibido y poder ser un instrumento para que Dios actúe en mí y a través de mí:

En la clínica, siempre hay posibilidad de tener un contacto constante con recién llegados o quienes regresan para poder conocer y rendirse ante la impotencia, como la mía, ante sus sustancias o conducta de preferencia; en los grupos quisiera que fuera más frecuente y ahora he tenido ese regalo, pues han estado llegando personas y algunas han estado asistiendo con regularidad. Cuando veo que alguien no regresa, simplemente pido por él o ella y me pregunto si podía haber hecho algo más, si el grupo podía haber hecho algo más; la verdad no los critico porque a mí me costó muchos años reconocer mi enfermedad y otros tantos aceptar mi completa derrota ante el alcohol y no se diga ante mi ingobernabilidad de vida.

Ahora, tengo la oportunidad de ser un alcohólico o un adicto en recuperación, sólo por hoy y por la gracia de Dios. Por eso, si quiero continuar con mi proceso para aprender a vivir y  vivir bien es que: debo ir a mis juntas; compartir con mis compañeros; leer la literatura de AA y/o NA; allegarme de todo aquello que fortalezca mi espiritualidad; y recordar en todo momento que si no vivo para servir no sirvo para vivir.

Cuando, a través de esta Fraternidad, voy descubriendo que Dios habita en todos y cada uno, puedo estar alerta para buscar el contacto consciente con mi Poder Superior y así estar dispuesto a cumplir Su Voluntad, para ello me ayuda mucho la oración y la meditación.

Por eso, yo tengo el gran aliento que me regala la parte final del Undécimo Paso: “todo estará bien aquí y en la más allá”.

Felices 24 horas con mis compañeros.

Fader.

Reflexiones Diarias

Escritas por los A.A. para los A.A.

29 ENERO

LA ALEGRÍA DE COMPARTIR

La vida tendrá un nuevo significado. Ver a las personas recuperarse, verlas ayudar a otras, ver cómo desaparece la soledad, ver una comunidad desarrollarse a tu alrededor, tener una multitud de amigos — ésta es una experiencia que no debes perderte. Sabemos que no querrás perdértela. El contacto frecuente con recién llegados y entre unos y otros es la alegría de nuestras vidas.

ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS, p. 89

Saber que todo recién llegado con quien yo comparta tiene la oportunidad de experimentar el alivio que he encontrado en esta Comunidad, me llena de alegría y gratitud. Siento que todas las cosas descritas en A.A. les sucederán a ellos, así como me han sucedido a mí, si ellos aprovechan la oportunidad y abrazan el programa de todo corazón.

Del libro Reflexiones Diarias
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