¡Conoceré una nueva libertad! Una de las Doce Promesas de AA y que cuando la leí por primera vez en un cartel de A.A. que colgaba en un grupo y cuando la leí del Libro Grande, me parecía un tanto abrumadora, aunque reconozco lo sutilmente que lo plantearon los primeros cien alcohólicos que lo escribieron, pues me dejan pensar que alguna vez fui libre.

En la actividad confundí la libertad con el libertinaje y creía que poder hacer todo lo que me diera la gana, tener toda clase de excesos e imponer mis satisfacciones personales era ser “libre”, porque de esta manera no me ataba nada ni nadie. De hecho alguna vez dije: “¿casado yo? No. !La casada es mi mujer!”. “¡Cuánta libertad!”, por eso tenía que terminar un matrimonio y con ello arrastrar el dolor de una separación a los hijos, y seguir con la irresponsabilidad de no saber mantener un compromiso.

La “libertad”, entre comillas, que da el sentido de ironía que en la actividad otorgaba a: “libertad” para consumir sin medida; “libertad” de mandar al diablo a todo el mundo; “libertad” de poder tener lo que se “debe” aunque se deba lo que se tenga; “libertad” para estar en quiebra espiritual; “libertad” para ofender y que nadie ose decirme algo; “libertad” de solamente pensar en mí; “libertad” de imponer mis actos y pensamientos; en fin la más grande “libertad” para ser totalmente desconsiderado, malvado, victimario, agresor, hipócrita, mentiroso y total y absolutamente egoísta. 

Mi modo de vivir era una clara expresión de pensar y actuar lo contrario a lo que yo decía que era la libertad, pues era notorio que mi actuación resultaba totalmente al contrario de lo que se entiende y espera de los que es la libertad genuinamente, por lo que mi decir era irónico para valorizar mi vida cuando realmente constantemente la desvalorizaba.

Así las cosas, una nueva libertad, quisiera esto decir lo que fuera, para mí era una gran promesa porque mi “antigua libertad”, en realidad, era el verdadero encarcelamiento de mi alma y el auténtico infierno del encierro de mi pensamiento absurdo.

Ser libre, a través de entender que Dios es el arquitecto y yo soy el constructor, es una liberación de las ataduras de mi espíritu; es soltar las amarras para que mis juicios se sustenten en una mente abierta; mis emociones encuentren la buena voluntad de querer enmendar las faltas de mi vida y tener una nueva libertad.

Yo puedo elegir entre lo positivo y negativo de mi vida, y al tomar la opción de hacer lo correcto, hacer lo debido y buscar la forma de ser auténticamente “hombre” escojo lo positivo y entonces le pido a mi Dios elimine lo negativo de mi ser, lo malo de mi espíritu y me guíe al camino de lo bueno y lo mejor.

Al ir practicando el Programa de recuperación tengo la libertad de pertenecer a A.A. o N.A. y/o grupos de Doce Pasos; tengo lo libertad de escoger a mi padrino; tengo la libertad de aceptar las sugerencias; tengo la libertad de ir a juntas; tengo la libertad de reconocer todas mis consecuencias; tengo la libertad de concebir a mi Poder Superior; tengo la libertad de hacer mi inventario para conocer la naturaleza exacta de mis defectos de carácter; tengo la libertad de pedirle a Dios elimine mis defectos de carácter; tengo la libertad de hacer reparaciones de daños; tengo la libertad de estar vigilante de mi mismo; tengo la libertad de seguir buscando el contacto consciente con Dios; tengo la libertad de practicar los principios espirituales en todos los aspectos de mi vida; tengo la libertad de acercarme a mi esposa, a mis hijos, a mi familia y a mis amigos verdaderos; tengo la libertad de dignificarme; y tengo la libertad fundamental de rendirme ante mi impotencia o no hacerlo y volver a consumir y vivir mal.

Ser libre de resentimientos, temores, frustración, desconsideración y falta de sinceridad es la manera de ahorrarse los diez o quince años de sufrimiento, a que se refiere el Libro Azul, aprendiendo, trabajando y practicando en mi vida, por veinticuatro horas, el Programa de recuperación.

Ser libre es tener un nuevo estado de conciencia por un profundo cambio de personalidad resultado de un despertar espiritual.

Felices 24 horas de libertad nueva y auténtica.

Fader.

Reflexiones Diarias

Escritas por los A.A. para los A.A.

30 ENERO

LIBRE DE… LIBRE PARA

Vamos a conocer una nueva libertad… 

ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS, p. 83 

Para mí el ser libre significa tanto la liberación de como la libertad para. Primero disfruto de la liberación de la esclavitud del alcohol. ¡Qué alivio! Luego, empiezo a experimentar la liberación del temor — temor a la gente, a la inseguridad económica, al compromiso, al fracaso, al rechazo. Entonces, empiezo a disfrutar de la libertad para — la libertad para optar por la sobriedad, para ser quien soy, para expresar mi opinión, para experimentar la paz del espíritu, para amar y ser amado, y la libertad para desarrollarme espiritualmente. Pero ¿cómo puedo ganar estas libertades? El Libro Grande dice claramente que aun antes de hacer la mitad de mis reparaciones empezaré a conocer una “nueva” libertad, que no es la vieja libertad para hacer lo que más me complaciera, sin consideración alguna de los demás, sino una nueva libertad que hace posible que las promesas de mi vida se hagan realidad. ¡Qué alegría ser libre!

Del libro Reflexiones Diarias
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