El Paso Siete me recuerda la pregunta que me hacía respecto de porque “mi Dios” no había funcionado y “el Dios de AA” si funcionaba, ¿en qué consistía la diferencia, dónde estaba el fondo de la solución?, y entonces repaso la guía que me regalan estas líneas: Durante el proceso de aprender más acerca de la humildad, el resultado significativo que obtuvimos fue, el cambio de nuestra actitud hacia Dios. Y esto fue así para los creyentes y no creyentes. Empezamos a superar la idea que teníamos de que el Poder Superior era algo remoto al que solamente  se acude a El, en caso de emergencia. Se empezó a desvanecer la idea que teníamos de que podríamos seguir viviendo nuestras propias vidas ayudados por Dios, pero de vez en cuando.”  

 

Esta es la respuesta de mi propia experiencia, yo tenía una actitud hacia Dios en la cual consideraba que no requería que participara en mi vida a menos que existieran circunstancias extraordinarias, dolorosas, peligrosas o cuando requiriera de algún acto de magia que hiciera desaparecer las consecuencias de mis actos estúpidos, desenfrenados, envilecidos, depravados, perversos, desviados y torcidos, o cuando deseaba que me cumpliera alguno de mis deseos y caprichos de índole material.

 

“Mi humildad”, si es que puede llamarse así, se constreñía a mi temor a los efectos, consecuencias y resultados de mis actos en el consumo, a que se me quitaran los malestares físicos, a que se eliminara de mi la sensación de angustia, desesperación y culpa, a suplicar vehementemente que no hubiera sucedido nada grave ni hubiera causado un daño irreparable, serio, delicado o mortal. En realidad era mi actitud cobarde de no asumir las secuelas, las implicaciones de mis actos, de no reconocer y admitir que la causa de todos los efectos desviados de mi vida surgían con el consumo, mucho menos tenía una clara idea de que tuvieran su origen en mis emociones y pensamientos negativos, guiados por mi egoísmo.

 

Al vivir mi Programa de recuperación, por veinticuatro horas,  e ir avanzando en el estudio y práctica de cada uno de los Doce Pasos, comienzo a entender la necesidad imperiosa de tener una forma de ser humilde que se muestre, poco a poco para llegar lejos, con actos concretos de humildad y de esta manera cambiar mi forma de pensar y mis conductas que se encaminen a buscar conocer y hacer la Voluntad de Dios, de esta forma al no poner “mis prioridades” por delante voy cambiando mi modo, mi postura, mi proceder con mis semejantes y al mismo tiempo mi actitud con Dios.

 

No es nada fácil, para mí, dejar a un lado mis preocupaciones que se sustentan en mi tendencia a querer que se materialicen positivamente todos mis deseos, mis peticiones, mis necesidades y mis aspiraciones de índole puramente humano porque en lo cotidiano vivo en este mundo material que se inclina por hacerme olvidar lo importante de cuidar, alimentar y hacer crecer mi mundo interno espiritual.

Un juicio y una actitud imperiosa que he tenido que cambiar es que Dios solamente intervenga de vez en cuando, según mi conveniencia, para ir teniendo una actitud más humilde que comience con una oración y solicitud sincera de que se haga la Voluntad de Dios y no la mía, sin confundir que muchas de las cosas que me suceden son el resultado de mis actos que tarde o temprano se manifiestan y que después quiero ver como “pruebas del Jefe”, cuando en realidad son consecuencias de mis decisiones sean por acción o por omisión.

 

La Voluntad de Dios comienza con entregarle, un día a la vez, mi enfermedad de la adicción a Él para que yo no consuma; seguido de poner mi voluntad y mi vida a Su Cuidado; y para ello tengo un instructivo muy claro y definido a través de los Doce Pasos que me sugieren y muestran los principios espirituales necesarios para que en mi vida se cumpla lo que dice el Undécimo Paso: “En cuanto siquiera vislumbramos la voluntad de Dios, en cuanto empezamos a ver que la verdad, la justicia y el amor son las cosas reales y eternas de la vida, ya no nos sentimos tan perplejos y desconcertados por toda la aparente evidencia de lo contrario que nos rodea en nuestros asuntos puramente humanos. Sabemos que Dios nos cuida amorosamente. Sabemos que cuando acudimos a El, todo irá bien con nosotros, aquí y en el más allá.”

 

Felices 24 horas agradecido por lo que tengo.

 

Fader.

 

Reflexiones Diarias

Escritas por los A.A. para los A.A.

18 DE JULIO

AGRADECIDO POR LO QUE TENGO

 

Durante el proceso de aprender más acerca de la humildad, el más profundo resultado de todos fue el cambio de nuestra actitud ante Dios. 

DOCE PASOS Y DOCE TRADICIONES, p. 80 

 

Hoy en día mis oraciones consisten mayormente en decirle gracias a mi Poder Superior por mi sobriedad y por la maravilla de la generosidad de Dios, pero también tengo que pedir ayuda y fortaleza para cumplir con Su voluntad para conmigo. Ya no tengo que pedir a Dios que a cada momento me rescate de situaciones en las que caigo por no hacer su voluntad. Ahora parece que mi gratitud está directamente ligada a la humildad. Mientras yo tenga la humildad para sentirme agradecido por lo que tengo, Dios continúa dándome lo que necesito.