24 de Julio.

 

En el Libro Grande, Capítulo II, “Hay Una Solución”, se puede leer este párrafo: “Nuestra misma vida, la vida de un antiguo ebrio, depende de nuestro deseo de ayudar a otros y de encontrar los medios adecuados para responder a su necesidad.”  Lo que me trae el hecho constante de que debo trabajar con otros alcohólicos y/o adictos para mantenerme sobrio, ya que esto siempre funciona cuando lo demás falla. Sin embargo, tengo que reconocer que no me era fácil entender que debía y requería obligatoriamente ayudar a otros, así como pedir la ayuda para que me auxiliaran, pues creía que si la recuperación es personal e inclusive egoísta no tenía mucho sentido procurar o preocuparme por la recuperación y/o necesidades de otros compañeros. Además, me parecía que no era muy saludable depender del grupo ni de los compañeros, pues el mismo Libro Azul y los Doce Pasos me dicen que no únicamente debo depender de mi Poder Superior.

 

Lo que realmente no había captado, es que el Libro Grande es que el mismo está escrito a base de experiencias de personas de toda índole y que por lo tanto han probado con éxito lo que sugieren y por tanto mi postura de escéptica única y exclusivamente se sostenía en una reserva mental para no apegarme al Programa de recuperación porque es una forma de negación para aceptarme como alcohólico y/o adicto. Al volver a leer y sobre todo al comenzar a vivir dentro de la Comunidad y poder palparlo en mi Grupo habitual, subrayé el siguiente párrafo: “Lo que hay de extraordinario para cada uno de nosotros, es que hemos descubierto una solución común. Tenemos una salida sobre la cual estamos absolutamente de acuerdo y que nos une en una acción fraternal y armoniosa. Es este el gran mensaje que anuncia este libro a aquéllos que sufren de alcoholismo.”

 

Mi escepticismo inicial y el hecho de poner la buena voluntad para intentar realizar las sugerencias que me da el Programa de recuperación y que me transmiten mis compañeros fue desapareciendo porque tenía que admitir que es absoluta y totalmente cierto y efectivo el hecho de que hay una salida, una solución a mi enfermedad del alcoholismo y/o adicción y que ese es el mensaje que me han transmitido tan gratuitamente mis compañeros, mi padrino, mis terapeutas, mis consultores y la Comunidad de la recuperación; por ende yo debo transmitir esta dádiva a otros así como interesarme auténticamente por mis compañeros y por el alcohólico y/o adicto que aún está sufriendo para que conozca que hay una solución y que mi conducta de vida le atraiga para desear lo que yo he obtenido de paz, tranquilidad, serenidad, utilidad y felicidad, sólo por hoy.

 

Existe una gran eficacia al hablar entre iguales porque no hay un juicio moral, ni una postura de superioridad, ni siquiera un ánimo de predicar sino un auténtico interés de que otro alcohólico y/o adicto se sume a las filas de la recuperación, que comience a dejar de consumir y de esta manera pueda tener la posibilidad de dejar de sufrir; única y exclusivamente guiado por el hecho de que yo he sufrido lo mismo, he padecido igual y conozco la desesperación, ansiedad y angustia por la que se atraviesa en la actividad y al tener que vivir las consecuencias de mi alocada manera de consumir y de vivir.

 

Con el tiempo he ido adquiriendo la conciencia de que mi gran enfermedad es el egoísmo, de mis continuas exigencias, de mi necesidad de que todo me sea dado, de mi insatisfacción constante, y de esa compulsión por siempre querer más de todo y de todos. Así las cosas, he tenido que ir poniendo en acción los principios espirituales que me llevan a reducir y contrarrestar mi egoísmo, mi egocentrismo, mi egolatría, mi egotismo y de esta manera reducir mi ego malsano para poder tener la oportunidad de vivir bien, de hacer lo correcto, de actuar con gentileza, con generosidad y aprender a tener actos humildes y en el ejercicio de mi inventario diario tener la humildad para auto-conocerme con mis defectos y mis cualidades, mis errores y mis aciertos, mis pérdidas y mis bendiciones,  mi adicción y mi sobriedad.

 

No se trata solamente de la autoayuda que puede regalarme mi Grupo al compararme y creer o ver que tengo problemas menos serios o graves que otros compañeros, eso indudablemente me ayuda a ubicarme en un contexto más real y no dejarme guiar por mi autoconmiseración normalmente agigantada; sino fundamentalmente porque he podido experimentar que Dios, tal y como yo lo he concebido, se manifiesta a través de mis compañeros, de mi padrino y en general de los otros, y por eso mi situación indispensable de estar abstemio y poder tener la mente abierta para recibir y percibir el mensaje.

 

Muchas veces he querido la respuesta de los asuntos de índole puramente humano; pero la necia y perversa enfermedad emocional negativa que tengo, me orilla a darme cuenta que la solución se encuentra en buscar y no soltarme de la paz, tranquilidad y serenidad que me otorga Dios, si vivo los principios espirituales del Programa de recuperación, por tanto tengo la ecuanimidad suficiente para que no me afecten tanto las cosas que me suceden en lo cotidiano, teniendo la primera prueba en que mi Poder Superior me ha eliminado la obsesión.

 

Felices 24 horas de ayudar a otros.

 

Fader.

 

Reflexiones Diarias

Escritas por los A.A. para los A.A.

24 DE JULIO

AYUDAR A OTROS

 

Nuestras mismas vidas, como exbebedores problema que somos, dependen de nuestra constante preocupación por otros y de la manera en que podamos satisfacer sus necesidades. 

 

ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS, p. 18 

 

Mi problema era el egocentrismo. Toda mi vida la gente había estado haciendo cosas por mí y yo, no sólo lo esperaba, sino que era malagradecido y estaba resentido porque no hacían más. ¿Por qué debía ayudar a otros cuando eran ellos los que debían ayudarme a mí? Si otros tenían dificultades, ¿no se lo merecían? Yo estaba lleno de autocompasión, de ira y de resentimiento. Entonces llegué a darme cuenta de que ayudando a otros, sin esperar recompensa, podría superar esta obsesión egoísta, y también que si yo comprendía la humildad, conocería la paz y la serenidad. Ya no necesito beber.

 

Del libro Reflexiones Diarias
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