10 de Octubre.

 

Cuando leí en el Décimo Paso Si alguien nos lastima y nos molestamos, también andamos mal”, esto ya me pareció una exageración porque me hacia sentir que yo era responsable incluso de que alguien me lastimara, me molestara, me ofendiera, me agrediera de cualquier forma, de tal manera que pareciera que los libero de culpa y que yo debo asumir que yo soy quien ha fallado, quien ha cometido el error. Entonces, tuve que reconocer que pensar de esa manera implicaba que yo seguía dándole prioridad a mi egoísmo, inclusive a mi soberbia y fundamentalmente a mi autoconmiseración porque estaba tergiversando el sentido del axioma espiritual ya que me adjudicaba que todo sucedía a mi alrededor, por mí y contra mí.

 Cuando entendí que lo que me sugiere esta parte del Décimo Paso es que reconozca y acepte que defectos de mi personalidad salen a relucir para que las acciones de los otros me hagan andar mal emocionalmente, porque mi respuesta, mi reacción y mi actitud son las que pueden mantener mi paz interior y evitar que yo mismo obstruya mi serenidad. Comprendo que no quiere decir que lo que me infringen los demás y me lastima, que lo que hacen para molestarme, que las ofensas y agresiones vertidas no sean reales ni tampoco que no haya afectaciones en el orden material, sino que debo estar fortalecido con la práctica del Programa de recuperación para que no me perturben emocional ni espiritualmente.

 

He podido experimentar que si mantengo la tranquilidad de espíritu es posible tener equilibrio emocional por difíciles que sean las circunstancias, por violentas que sean las agresiones, por humillantes que sean las ofensas, por duros que sean los golpes y por doloroso que sea saber que no me quieren bien. Últimamente he pasado por momentos muy complicados y delicados en mi existencia que me han hecho replantear mi vida con mi familia de origen y gracias a estar en recuperación he podido tomarlo con calma para no caer en la desesperación, en la depresión, en la frustración, en la ira y en la autoconmiseración, lo que me ha probado y reforzado mi fe en que los Doce Pasos funcionan, que los principios espirituales no son algo que esté fuera de mi alcance vivir y accionar, en fin que practicar genuinamente el Programa de recuperación me regala un nuevo estado de conciencia que me da la oportunidad de actuar y pensar de manera distinta para saber lo que puedo y lo que no me posible cambiar.

 

Al decirle a Dios que Él elimine mis defectos de carácter y además estar dispuesto a poner mi voluntad y mi vida a Su cuidado he podido experimentar no reaccionar con ira, sentir la tempestad de los disturbios emocionales de otros y poder tener fortaleza para soportarlos e incluso tener genuina tolerancia para ser considerado y comprender a los otros. También implica dejar las dependencias de otras personas, la dependencia de querer ser aceptado, de desear ser aprobado, de la dependencia de “ser querido”, de “caer bien” para enfocarme en mi autoestima, en mi propio bienestar, en mi progreso espiritual y así esforzarme, cada veinticuatro horas, en lograr y mantener mi estabilidad emocional.

 

Romper mi soberbia y mi egoísmo de requerir que nadie me lastime, que nadie me moleste, que nadie me ofenda, que nadie me contradiga, que nadie me violente es algo que únicamente puedo alcanzar si de manera auténtica sólo dependo de Dios y acepto hacer Su Voluntad, ya que no soy más digno ni menos merecedor que ningún otro para creer que: a mi nadie debe faltarme al respeto; que nadie debe herirme; que nadie debe dañarme, que nadie debe perjudicarme; en fin que nadie debe fastidiarme ni incomodarme.

 

La tolerancia, la comprensión y la paciencia no implica que no deba defender mi dignidad y aguantar que cualquier persona me pisotee, sino que tenga una actitud de serenidad que me permita contrarrestar con calma y confianza sin exaltarme, no es una tarea fácil mas puede irse logrando cuando tengo paz en el espíritu y para mí a eso se refiere el Paso Diez cuando dice: “Es duro aceptar y comprender que cada vez que nos alteramos, no importa cuál sea el motivo, hay algo que no está bien en nosotros. Si alguien nos lastima y nos molestamos, también andamos mal. Pero, ¿no hay excepción a esa regla? Que hay de la ira que tiene “justificación”? ¿No podemos también molestarnos con las personas que se vanaglorian de su rectitud? Para los que somos miembros de A.A., esta excepción es peligrosa. Hemos descubierto que la ira justificada es sólo para aquellos que pueden manejarla.”

 

Finalmente sé que yo no puedo cambiar a nadie, con dificultad tengo la posibilidad de modificarme a mí mismo, así que lo más sensato es que, con el Programa de recuperación, me fortalezca espiritualmente para las adversidades de la vida para poder tener una actitud positiva y una firmeza y cordura espiritual y mental que me regale paz, tranquilidad, serenidad y prudencia.

 

Felices 24 horas componiéndome a mí.

 

Fader.

 

Reflexiones Diarias

Escritas por los A.A. para los A.A.

10 DE OCTUBRE

COMPONERME A MI, NO A TI

 

Si alguien nos lastima y nos enfadamos, también estamos equivocados. 

 

DOCE PASOS Y DOCE TRADICIONES, p 97 

 

¡Qué liberación sentí yo cuando se me llamó la atención sobre esta cita! De pronto vi que yo podía hacer algo por mi ira, podía componerme a mí mismo, en lugar de tratar de componerlos a ellos. Creo que no hay excepciones a este axioma. Cuando estoy enojado, mi ira está siempre centrada en mí mismo. Tengo que seguir recordándome a mí mismo que soy humano, que estoy haciendo lo mejor que puedo, aun cuando lo mejor sea algunas veces muy poco. Así es que le pido a Dios que haga desaparecer mi ira y verdaderamente me ponga en libertad.

 

Del libro Reflexiones Diarias
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