30 de Julio.

 

En el Libro Grande, Capítulo IX, “La Familia y la Recuperación”, se encuentra la narración de la experiencia de muchos enfermos de la adicción junto con sus familias, mas fundamentalmente las líneas siguientes describen lo maravillado, asombrado, ilusionado y entusiasmado que me puse al momento de comenzar a vislumbrar una solución para mi adicción: “Muchos de nosotros… Tuvimos una intoxicación espiritual… Nuestra alegría por haber escapado de una vida de frustraciones no tenía límites.  … cree que ha encontrado algo mejor que el oro. Durante un cierto tiempo estará tentado a acariciar este tesoro y a guardarlo para él solo. No verá de inmediato que, de hecho, sólo ha desenterrado la pequeña punta de un venero inagotable y que este filón le reportará dividendos solamente si continúa cavando el resto de su vida y cediendo indefectiblemente todo el producto a los demás.”

 

Este filón de la recuperación es una franja de esperanza que se distingue de la masa de egoísmo, materialismo y desprecio por lo espiritual en que mi actividad me tenía inmerso en la cual nunca había encontrado la fisura de mi corteza de la negación y del materialismo; con el paso del tiempo veo que esta masa de principios espirituales y valores morales positivos va llenando, la grieta de mi alma rota y de mi espíritu partido, de una formación de nuevos juicios y actitudes para poder obtener el gran beneficio de la sobriedad, a través del Programa de recuperación que es una veta inagotable.

 

He tenido vivencia de los valores absolutos pero no les daba su importancia y trascendencia, no los practicaba como un estilo y hábito de vida, los ubicaba siempre como ideales perfectos que no pueden ser alcanzados y por tanto imposibles de ser accionados; sin embargo esto era una manera de negación para no admitir que no había querido ajustarme a la axiología correcta del vivir bien. He empezado a sentir la justicia, a rechazar la injusticia; a preferir lo honesto a la deshonra; sentir y admirar la belleza en la amplitud de su significado, a comprender la libertad e independencia del amor en desapego. La dignidad se ha ido presentando ante mi vivencia de los Doce Pasos y esto es tan concluyente que va guiándome a ser un individuo digno y en busca del ideal de lo que significa ¡ser hombre!; al aceptar la rendición de mi impotencia y la que más trabajo me ha costado que es mi ingobernabilidad no tengo fuerza para contradecir las sugerencias del Programa de acción, que son el valor de  lo digno de una “imperatividad” espiritual que me compromete a cumplir la Voluntad de Dios, como yo lo concibo,  de manera flexible y no autoritaria.

 

Yo he ido percatándome de mi propia experiencia valorativa en mi despertar espiritual, pues tengo vivencia de los valores morales positivos; se dan en mi vida, yo los capto y los siento.

 

Los valores y principios espirituales están en relación con mi persona. Me convierto en “portador de valores” y en “portador de amor”, y ahí fundo mi insospechado recurso interior para identificar mi posibilidad de unificación con la Voluntad de Dios.

 

Los principios espirituales enaltecen mis actitudes y ennoblecen mis pensamientos. Para hacer el bien y rechazar el mal, me siento un ser con libertad. A un objeto bello, agradable o sublime, lo admiro, siento la grandiosidad de la obra de Dios, de la obra de arte, de la magnificencia de la naturaleza, de la iluminación de una idea, de inspiración del artista, en fin del soplo de vida que he recibido.

 

Sólo por hoy, yo no soy indiferente frente a los principios espirituales y los valores y por tanto al adoptar como Programa de vida el de mi recuperación con base en los Doce Pasos, me comprometo a vivirlos, a sentirlos, a realizarlos, a estar en acción. Puede ser difícil y hasta imposible para mí definir lógicamente a los principios espirituales (valores morales positivos o simplemente valores), como por ejemplo: la justicia, la humildad, la tolerancia, la comprensión, el amor o la dignidad, pero en mi experiencia valorativa, gracias a mi grupo y a esta Fraternidad de la sobriedad me inclino por hacer un sincero intento de actos justos, actos humildes, actos tolerantes, actos comprensivos, actos amorosos, actos dignos; actos de rechazo a la injusticia, aunque en ocasiones la padezco y me mortifica. Asimismo, rechazo la hipocresía y acepto lo verdadero; condeno a la cobardía, lo infame, lo villano, lo desleal, lo pérfido, lo traidor, lo alevoso y lo falso. Mi experiencia valorativa se manifiesta en juicios de valor porque soy un ser que juzgo, y entonces tengo que preferir practicar mi experiencia espiritual para no erigirme en juez sino preferir la empatía, el entendimiento, la concordia, la condescendencia y la comprensión.

 

La paradoja fundamental del Programa de recuperación es que una vez que exploré, encontré y estoy explotando el filón inagotable de la riqueza espiritual, si quiero conservar mi propia sobriedad, debo devolver lo que he captado, lo que he recibido, lo que he escarbado pues si no lo comparto, si no lo devuelvo, implica que continuo  siendo egoísta y al serlo voy agotando y aniquilando la veta de mi propia recuperación porque impido, mi propio detrimento, el fluir de la Comunidad porque mi actitud los aleja del grupo, y al final si no dejara de existir esta Comunidad, si desapareciera el grupo ¿dónde estarían aquellos que pueden dar la mano, cuando la del que sufre se extiende pidiendo ayuda?

 

Un día a la vez, pido a Dios me indique la forma mejor de devolver lo que he recibido, transmitir con mi vida la solución que he encontrado y transferir lo adelantado de mí a los demás, no es una tarea fácil más es la tarea de hacer la Voluntad de Dios.

 

Felices 24 horas devolviendo el filón de la recuperación.

 

Fader.

 

Reflexiones Diarias

Escritas por los A.A. para los A.A.

30 DE JULIO

DEVOLVERLO

 

. . . ha encontrado algo mejor que el oro . . . Puede ser que, de momento, no haya visto que apenas ha arañado un filón inagotable, que le dará dividendos solamente si lo trabaja el resto de su vida e insiste en regalar todo el producto.

 

ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS, p. 119 

 

Mi parte en la Séptima Tradición significa mucho más que solamente dar dinero para pagar el café. Significa ser aceptado por mí mismo por pertenecer a un grupo. Por primer vez puedo ser responsable porque puedo escoger. Puedo aprender los principios de resolver problemas de mi vida diaria participando en los «negocios» de A.A. Por ser automantenido, puedo devolver a A.A. lo que A.A. me dio a mí. Devolver a A.A. no solamente asegura mi propia sobriedad sino que me permite comprar el seguro de que A.A. estará aquí, para mis nietos.

 

Del libro Reflexiones Diarias
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