8 de Octubre.

 

La segunda parte del enunciado del Décimo Paso dice: “… y cuando nos equivocábamos lo admitíamos inmediatamente”, y cada vez que lo leo pienso que yo no he podido llegar al reconocimiento inmediato porque significaría que mi aceptación de mi falla sucede o la realizo justo después de haberla cometido sin que medie tiempo, ni si quiera un ápice. En pocas ocasiones he admitido de manera instantánea mis errores, la gran mayoría de las ocasiones tiene que pasar un tiempo, aunque sea breve, y otras tantas ha transcurrido un lapso grande.

 

Los Doce Pasos me han enseñado a poner en práctica la elaboración de un inventario moral minucioso, me guían a que mantenga esta práctica para toda mi vida, me sugieren el inventario diario al ir terminando el día y me han hecho ver que no es por demás hacer dicho inventario en circunstancias y momentos específicos del día. En mi caso personal, he ido poniendo en acción revisar mis acciones cotidianas para ver mis aciertos y mis faltas con la finalidad de ir progresando en mi auto-examen, darme cuenta que me detona determinadas reacciones y que es lo que está mal en mí para que dichas explosiones de conducta o de pensamiento broten.

 

Cuando algo externo me hace reaccionar en mi pensamiento, he puesto mi buena voluntad para intentar no dejarme llevar e intentar reflexionar un segundo y pedir a Dios tolerancia para comprender y no querer ser comprendido, pues de esta forma es que mi Poder Superior me ayuda a eliminar la ira, el miedo, la soberbia y cualquier defecto que se muestre en mis acciones y agrave una situación, cuando de no reaccionar tengo la oportunidad de llevar calma. También, he procurado escuchar para tener cuidado con mis palabras porque muchas veces me han metido en más problemas que otros hechos, han lastimado y herido mucho más que otras conductas y es algo de lo que pretendo estar alerta, solicitando a mi Dios prudencia en todos mis actos.

 

Al mantener la mente abierta y ser sincero observo la necesidad de practicar todo tipo de inventarios tal y como sugiere el Décimo Paso: Hay el inventario que se hace en el momento y a cualquier hora si es que uno se  halla   confundido. Hay el que se hace  al finalizar el día, cuando se repasan los sucesos de las horas que acaban de transcurrir,  aquí se hace un balance anotando a favor lo que se hizo bien, y en contra lo que se hizo mal. También hay ocasiones en que estando solos con el  padrino o consejero espiritual, se revisa cuidadosamente los progresos logrados desde la última vez que se hizo el minucioso inventario moral. Muchos A.A. son partidarios de hacer dos veces al año un minucioso inventario moral. Algunos son partidarios de un retiro ocasional en el que alejados del mundo y con entera tranquilidad, pueden hacer una revisión general de su vidas y practicar la meditación.” Lo importante es mantener el autoanálisis para poder descubrir mis fallas, detectar mis emociones negativas y averiguar mis pensamientos nocivos, reconociéndolos, aceptándolos y admitiéndolos a la brevedad posible y de esta manera modificar, moderar, enmendar y corregir mis errores, desaciertos y desatinos.

 

Tengo la certeza de que el Programa de recuperación muestra la experiencia de millones antes que yo, lo cual me da una fe absoluta en lo que me sugiere porque puedo ver los resultados en mis compañeros, así me siento seguro de que teniendo el hábito de hacer mi inventario podré avanzar, poco a poco hasta llegar a admitir inmediatamente cuando me equivoque y así vivir y dejar vivir.

 

Felices 24 horas haciendo mi inventario diario.

 

Fader.

 

 

 

Reflexiones Diarias

Escritas por los A.A. para los A.A.

8 DE OCTUBRE

INVENTARIO DIARIO

 

. . . y cuando nos equivocábamos lo admitíamos inmediatamente. 

 

ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS, p. 55 

 

Yo estaba empezando a abordar mi nueva vida de sobriedad con un entusiasmo desacostumbrado. Estaba cultivando nuevos amigos y algunas de mis amistades dañadas se habían comenzado a arreglar. La vida era emocionante e incluso había empezado a disfrutar mi trabajo, y llegué a ser tan atrevido como para hacer un informe sobre la falta de cuidado apropiado con algunos de nuestros clientes. Un día, un compañero de trabajo me informó que mi jefe estaba verdaderamente disgustado debido a que una queja, sometida pasándole a él por alto, le había causado mucha molestia con sus superiores. Yo sabía que mi informe había creado el problema y empecé a sentirme responsable del problema de mi jefe. Al discutir el asunto, mi compañero trató de convencerme de que no era necesario disculparme, pero pronto empecé a convencerme de que tenía que hacer algo, fueran cuales fueran los resultados. Cuando me dirigí a mi jefe admitiendo mi parte en sus dificultades, él se sorprendió. Pero cosas inesperadas salieron a nuestro encuentro, y mi jefe y yo pudimos acordar una cooperación más directa y eficaz en el futuro.

 

Del libro Reflexiones Diarias
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