23 de Julio.

 

Una vez que supero el maniqueísmo clásico como alcohólico, de todo o nada, de bueno o malo, sin nada en medio, hago una revisión de mi minucioso inventario moral, para lo cual  primero observo que para mí la moral son las reglas, las normas sociales que rigen mi forma de actuar, mi comportamiento, mi proceder, en el entorno social, familiar y de todo lo que me rodea, y que incluye mi autoconocimiento de lo que debo hacer, lo que debo evitar para conservar la estabilidad social sustentada en un equilibrio individual.

 

Me enfrento a tener que considerar que la palabra y el concepto “moral” es antónimo de “inmoral”, lo cual significa que he ido en contra de la moralidad, he ido en contra de estas normas y reglas que deben regir la costumbre de una correcta convivencia conmigo mismo, mi esposa, mis hijos, mi familia y la sociedad; sin embargo al repasar mi inventario me percato y acepto que también he estado afectado en la actividad por lo “amoral” o sea por no tener ningún tipo de moral, no tener ningún tipo de reglas y todo esto fundamentado en que he sido sujeto de mis propios actos voluntariosos que fomentan mi impotencia y mi ingobernabilidad.

 

Tengo que darme cuenta de que potencializado por la actividad del consumo, mi ingobernabilidad, mi debilidad y mi falta de control me alejaban totalmente de los valores morales positivos como son la honestidad, la verdad, la humildad, la lealtad, la comprensión, la solidaridad, la tolerancia, la responsabilidad, el trabajo y el respeto; por lo que al comenzar a practicar los Doce Pasos tengo que admitir que, en la actividad, he estado influenciado y viviendo los antivalores morales guiados por el egoísmo, la mentira, el egocentrismo, la envidia, la egolatría, la avaricia, el egotismo, la corrupción, la intolerancia, la desconsideración, la indiferencia, la frustración, la depresión y la soberbia.

 

Los principios espirituales que se encuentran en la axiología de la moral son las bases que me llevan a adquirir, defender y progresar en mi dignidad como persona, a rescatarme y salvarme de la muerte espiritual, porque indefectiblemente me conducen al bien moral, al bien ético y al bien del sentido común para realmente irme completando como persona y poder tener la aspiración de un desarrollo espiritual. Los principios espirituales, los valores morales positivos siempre me llevan por el camino del perfeccionamiento como ser humano en cuanto a “ser hombre”, algo que quizá nunca logre completamente, me dirigen a las acciones buenas, a vivir honestamente, a no dañar a nadie, a dar a cada quien lo suyo, a tener un interés auténtico por mis semejantes y esto me une a la intención de Dios, como yo lo concibo.

 

MI decisión de accionar, poner en práctica y vivir los valores morales positivos, los principios espirituales se sustentan en una decisión completa y absolutamente libre de querer tener un cambio de juicios y actitudes, de una decisión de reconocer y admitir mi enfermedad de la adicción en su totalidad, de creer en un Poder Superior y de poner mi voluntad y mi vida a Su cuidado; y cada día opto por elegir tener una conducta, unos pensamientos y unas emociones que se enmarquen dentro de los Pasos para hacerme más humano y aspirar a una mejor calidad como persona.

 

Yo debo y puedo dirigir mi fuerza de voluntad, mi elección y mi decisión hacia los principios espirituales (valores morales positivos) porque son indispensables para: que yo pueda lograr una convivencia de armonía y paz en mi interior; pueda alcanzar la avenencia y solidaridad con mi familia; pueda adquirir la fraternidad con mis compañeros; pueda obtener la conformidad y la hermandad con el prójimo; de tal forma que pueda ganar y disfrutar la concordancia, cordialidad y unidad de propósito con Dios. Esto puedo ejercitarlo a partir de los procesos de aprendizaje y de poner en acción los Doce Pasos, con base en mis experiencias vividas, en las sugerencias de mis compañeros, en los ideales de perfección, en mi sincero esfuerzo por comprender el orden divino, natural y social en que vivo.

 

En este sentido así como en mí está dirigir mi elección hacia ejercitar principios espirituales, valores morales positivos, virtudes y/o cualidades debo tener la humildad de reconocer que en mi esencia y en mi naturaleza existen una serie de antivalores morales, defectos de carácter, desviaciones de personalidad, maldades  y/o vilezas.; por tanto al residir en mí, como parte de mi ser, no está en mí el eliminar estas inmoralidades y amoralidades, sino solamente Dios puede extirpar de mí, por periodos de veinticuatro horas o por momentos precisos, estos defectos de carácter, tal y como lo hace con mi obsesión por consumir.

 

Mi humildad radica, de manera importante, en reconocer, admitir, aceptar y doblegar mi voluntad al hecho de que yo no puedo con mi ingobernabilidad, que estas imperfecciones de mi personalidad, de mi temperamento que van en contra de la esencia amorosa de mi espíritu, única y exclusivamente, pueden ser anuladas, alejadas y descartadas por Dios, como yo lo concibo.

 

Hay momentos en que cuando siento que va a entronizarse alguno de mis más feroces defectos de carácter y, como resultado de un intento de ejercicio diario de los Pasos, con sinceridad realizo el acto humilde de pedirle que anule o suspenda, por ese instante, dicho defecto porque siento que vienen las oleadas que buscan empoderarlo de mi ser; entonces, también debo actuar en consecuencia ejecutando el valor moral positivo, la virtud y/o la cualidad que lo contrapone; porque al principio quería solamente que eliminara mis defectos, como si se tratara de un acto de magia, y dejaba de lado que yo debo ponerme en acción para ejercitar lo correcto, lo bueno y aquello que tienda a lo perfecto.

 

En las mañanas al hacer oración le pido a Dios que elimine mi ira, mi envidia, mi pereza, mi falta de sinceridad, mi inseguridad, en fin aquello que no me deje progresar espiritualmente, tengo que refrenarme y he ido aprendiendo a no pedir que elimine todos mis defectos de carácter, ni siquiera que me los elimine por este día, sino le pido que, si es Su Voluntad, me suspenda, me anule e inmovilice las desviaciones de mi personalidad por el momento en que tenga que enfrentarlos, para que se haga Su Voluntad y no la mía. ¡Qué así sea!, ¡Ánimo!.

 

Felices 24 horas pidiéndole a Dios que sea quien decida.

 

Fader.

 

 

 

 

Reflexiones Diarias

Escritas por los A.A. para los A.A.

23 DE JULIO

LE PIDO A DIOS QUE DECIDA

 

«Te ruego que elimines de mí cada uno de los defectos de carácter que me impiden ser útil a Ti y a mis semejantes». 

 

ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS, p. 71 

 

Después de haber admitido mi impotencia y tomado la decisión de poner mi vida y mi voluntad al cuidado de Dios, como yo lo concibo, no soy yo quien tiene que decidir cuáles defectos deben ser eliminados, ni el orden en que deben serlo, ni el plazo de tiempo en el que tienen que ser eliminados. Le pido a Dios que decida cuáles defectos me impiden ser útil a El y a otros, y luego le pido humildemente que me los elimine

 

Del libro Reflexiones Diarias
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