En el Libro Grande, Capítulo VII, “Trabajando Con los Demás” me obliga a verme en el espejo de quienes algunas veces hemos caído en considerarnos en la cima del desarrollo humano y evangelizar, a diferencia de que la experiencia probada y positiva de pasar el mensaje de recuperación así como, de cualquier sugerencia o enseñanza de índole espiritual me indican que debe tener otro enfoque. Por eso con toda sapiencia encuentro las siguientes líneas: “No hable nunca a un alcohólico de una presunta superioridad moral o espiritual; ponga simplemente ante él el ajuar de instrumentos espirituales para que él los inspeccione. Muéstrele cómo funcionaron en usted.

 

El texto anterior, no sólo me ubica en la realidad de que soy uno más que está en el intento y en el camino de lograr la sobriedad auténtica que implica no consumir y fundamentalmente conducirme en todos los actos de mi vida con estabilidad emocional, lo que requiere tener un sano juicio en mi pensar, en mi sentir y en mi actuar; sino transmitir con mis vivencias y con mi cambio de personalidad porque no se trata de teorizar ni de hablar doctamente respecto del Programa de recuperación y los Doce Pasos sino hacer una narración de hechos y resultados con total sinceridad, de tal manera que me recuerde mi estado, mi pensar, mi sentir y mi sufrir en la actividad, me evoque las dudas que tuve de poner en acción  algunas sugerencias, me resuene las pérdidas, me repase la forma en que se han ido dando las Promesas en mi vida, la reconstrucción de mi ser, la reparación de las relaciones interpersonales y la rehabilitación de mi espíritu.

 

Hacer catarsis, contar mi historial y poder irradiar la esperanza y la fortaleza de que la solución existe, es posible y ayuda no sólo para dejar de consumir sino para dejar de sufrir por la culpa, la frustración, el odio y el temor, para encontrar que la serenidad es una de las formas más eficaces de ser feliz, gracias a perdonarme a mí mismo, a perdonar a los demás, a ser generoso, a llevar armonía, a intentar ser humilde, a conducirme con verdad, a tener fe, a ser tolerante, a amar a genuinamente a mis semejantes y a poner amorosamente primero a Dios en los actos de mi diario acontecer.

 

El acordarme y revivir mi historial me es de gran ayuda para ubicarme que he sido un ser desventurado en mayor o menor grado que la persona a quien le transmito el mensaje, que simple y sencillamente soy un afortunado de gozar de la gracia de Dios para haber podido dejar de beber y que por esa misma gracia me mantengo limpio y sobrio, un día a la vez, practicando los Doce Pasos y en ello de manera sustancial el trabajo con otros enfermos de adicción y de las emociones negativas.

 

Mi vida cotidiana puede ser la mejor muestra de cómo han funcionado los instrumentos espirituales y mi actual situación la manera de demostrar su funcionamiento en mí. Así, no combato cualquier impulso de sentirme en superioridad moral o espiritual, pues reconozco que he fallado mucho en mi vida y ahora, poco a poco, voy rectificando la integridad de mi ser.

 

Felices 24 horas de llevar el mensaje con sencillez, humildad y generosidad.

 

Fader.

 

Reflexiones Diarias

Escritas por los A.A. para los A.A.

14 DE DICIEMBRE

LLEGAR AL ALCOHOLISMO

 

Nunca le hables a un alcohólico desde una cumbre moral o espiritual; sencillamente muéstrale el equipo de instrumentos espirituales para que él los inspeccione. Demuéstrale cómo funcionaron para ti. 

 

ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS, p. 88 

 

¿Tengo yo la tendencia a mirar al recién llegado que acabo de conocer desde mi percibida perspectiva de éxito en A.A.? ¿Lo comparo a él con los numerosos conocidos que tengo en la Comunidad? ¿Le enseño en un tono magistral la voz de A.A.? ¿Cuál es mi verdadera actitud hacia él? Yo tengo que examinarme a mí mismo siempre que encuentre un recién llegado para asegurarme de que estoy llevando el mensaje con sencillez, con humildad y con generosidad. Aquel que todavía sufre de la terrible enfermedad del alcoholismo tiene que encontrar en mí a un amigo que le permita conocer la manera de A.A., porque yo tuve un amigo así cuando llegué. Hoy me toca a mí extender mi mano con amor a mi hermana o hermano alcohólico y enseñarle el camino a la felicidad.

 

Del libro Reflexiones Diarias
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