En la actividad no cabe ninguna duda de que caigo en las dos fallas, errores y daños siguientes: “solamente hay dos pecados; el primero es interferir en el desarrollo de otro ser humano, y el segundo es interferir en el desarrollo de uno mismo.” Lo grave es que estando en recuperación siga por el mismo camino y cause una afectación grave para que otra persona no crezca espiritualmente y con ello entorpecer y obstruir mi propio progreso espiritual y por tanto mi falta de equilibrio emocional.

 

Cuando permito que mis defectos de carácter sean los que imperen en mi diario vivir, estoy dejando que la parte de mi enfermedad emocional negativa se imponga y dé cauce a mis pensamientos nocivos, torcidos, desproporcionados e incorrectos y permito que la racionalización, la justificación, la irresponsabilidad y la minimización de mis actos y de mis consecuencias sean las directrices que gobiernen mi vida, porque esto me lleva a las reacciones y respuestas agresivas, violentas, ofensivas e incoherentes que predominaban en la actividad, de hecho mi actuación es muy similar a cuando estaba intoxicado, quizá tenga alguna señal de conciencia al intentar parar o retirarme de una situación difícil o incómoda, mas, sin embargo, es muy probable que lo haga guardando en mí una serie de resentimientos que solamente envenenan mi ser.

 

Mis pensamientos, palabras, actitudes y acciones que van en contra de la voluntad de Dios son muy evidentes cuando obstaculizo el desarrollo y mejora de otro ser humano, cuando influyo en que se altere su bienestar y peor aún cuando al querer “defenderme”, al pretender revancha, al herir al otro me estoy cortando mi propio adelantamiento y la pérdida de mi propia serenidad, es por eso que puedo leer con claridad que “solamente hay dos pecados” y se utilice esta connotación para hacerme ver que estoy en contra de la intención de mi Poder Superior.

 

El enfrentamiento de instintos naturales en la búsqueda del éxito personal o de lo que considero que es mejor para mí persona, cueste lo que cueste, sigue siendo una actitud sumamente egoísta y por tanto este enfrentamiento de egos no puede resultar positivo. Sin embargo, reconozco que en la generalidad de lo cotidiano de la vida me enfrento a otros seres humanos que de ninguna manera rigen su vida por los diez mandamientos ni principios espirituales sino que se rigen por sus caprichos, sus deseos, su capacidad económica, por su poder, por su fuerza, por su prepotencia y/o su agresividad, ya que no siempre encuentro contratiempos sólo con aquellos que tienen solvencia económica sino con aquellos que detentan el pequeño poder que les da la maledicencia, la injuria, la intimidación, la intriga y la fuerza de la violencia.

 

En la medida que he ido avanzando en vivir con autenticidad los Doce Pasos y de esta manera estar en posibilidad de experimentar, un día a la vez, el Programa de recuperación me doy cuenta que no es suficiente presumir que -por difícil que sea una situación o adversidad- no consumo, ya que ese es un presupuesto indispensable para intentar comenzar a tener un despertar espiritual, que comienza con mi cambio de juicios y actitudes que favorezcan iniciar y proseguir el desarrollo de mí mismo y  de la misma manera aporte y coadyuve al adelanto de otro ser humano.

 

No puedo dar ni transmitir lo que no tengo y lo que no practico, por eso si yo interrumpo mi crecimiento espiritual, estoy cortando la posibilidad de tener estabilidad en mis emociones así como de generar pensamientos positivos, de esta manera cumplir con el principio de atracción, mas no se trata de dominar mis defectos de carácter porque estaría cayendo en la soberbia del autocontrol, de la misma forma en que soy impotente para controlar la bebida, por eso lo único que puedo hacer es orar para pedirle a Dios que elimine mis desperfectos de personalidad y que me otorgue fortaleza para que yo practique los principios espirituales que pueden contrarrestarlos, de tal manera que yo me ponga en la buena disposición de que se desprenda de mí todo aquello que interfiere con mi propio progreso espiritual y el de otro ser humano.

 

Más de una ocasión ante las dificultades, los enojos, las adversidades y las aflicciones, que siento y pienso son culpa de los otros, intento sinceramente orar para pedir a Dios que me permita buscar comprender al otro en lugar de demandar ser comprendido, amar al otro en lugar de exigir ser amado, perdonar al otro en lugar de reclamar su condena y ser –yo- perdonado, en fin ser tolerante y  auténticamente amoroso con mis semejantes.

 

Sólo por hoy, he dejado de pensar erróneamente que puedo obtener la iluminación mística en un minuto o en una meditación, gracias a la directriz, palabras fantásticas, encantadoras y misteriosas que un iluminado o maestro puede compartirme o comunicarme. Las palabras y las enseñanzas sirven de guía y señalización para el sendero correcto de la recuperación que debo caminar, sin prisa pero sin pausa, de manera paciente y perseverante. La luminosidad e inspiración serán la consecuencia del cúmulo de acciones que realice para conseguirlas.

 

Felices 24 horas sin interferir en el desarrollo de los demás y en el propio.

 

Fader.

 

 

 

 

Reflexiones Diarias

Escritas por los A.A. para los A.A.

SOLAMENTE DOS PECADOS

 

. . . solamente hay dos pecados; el primero es interferir en el desarrollo de otro ser humano, y el segundo es interferir en el desarrollo de uno mismo. 

 

ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS, p. 542 

 

La felicidad es un estado tan elusivo. ¿Cuán a menudo mis «oraciones» por otros incluyen oraciones «escondidas» para mi propio beneficio? ¿Cuán a menudo mí búsqueda de la felicidad es un obstáculo en el sendero del desarrollo de otro, o aun del mío? buscar el desarrollo por medio de la humildad y la aceptación nos trae cosas que difícilmente parecen ser buenas, íntegras y vitales. No obstante, al mirar atrás, puedo ver que el dolor, las luchas y los contratiempos han contribuido finalmente a la serenidad por medio de mi desarrollo en el programa. Le pido a mi Poder Superior que me ayude a no impedir el desarrollo de otra persona o el mío propio.

 

Del libro Reflexiones Diarias
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