La Oración de la Paz o mejor conocida como la Oración de San Francisco, que el Undécimo Paso tiene en su glosa, es una guía muy concreta para meditar sobre cada principio espiritual que describe. Para mí, sintetiza todos los principios espirituales del Programa de recuperación y de los Doce Pasos. 

 

Muchas veces cuando he leído y repasado esta oración con mis compañeros en las “Juntas de Paso Once” he pensado y he escuchado que es algo muy difícil de cumplirse, incluso que es como una utopía poder ser y actuar así. En mi caso personal, reconozco que poder llevar estas cualidades morales positivas y/o fundamentos espirituales es algo que aguardo en el fondo de mi corazón, así como he percibido en mis compañeros el afán de perseguir este sueño de perfección mediante el progreso constante de mi personalidad hacia el Bien Supremo.

 

Al leer con toda calma esta oración puedo sentir que me sugiere una relación cordial y amorosa con Dios, con mi entorno y con mis semejantes; una discernida reconciliación entre los impulsos de mi emoción y las exigencias de mi razón; una actitud de calidez con quienes son distintos a mí, con quienes están alejados y apartados de mí, en fin con la otredad, en los cuales encuentro a mi prójimo y a mis semejantes en quienes tengo que ver a mis hermanos porque compartimos una parte de la divinidad en nuestro ser; y encuentro una aceptación alegre de lo que no puedo cambiar, una inocente libertad respecto de lo que sí puedo cambiar, un optimista reconocimiento de la muerte como un paso necesario y leal de la vida.

 

Esta oración me enseña a entrenarme para fortalecer mi condición espiritual de manera que sea benevolente, fraterno y pacífico, aplicando la no violencia, el optimismo y la concordia colectiva, dando los Pasos en un camino que hay que mantener con simplicidad para el descubrimiento de Dios en todas las cosas, criaturas y personas, de la forma más ecuménica sin imponerme ninguna concepción de Dios ni dogmas específicos. A mí me basta recordar que en el mundo es una de las oraciones que más se practican y se invocan sin importar una confesión religiosa específica y que como un ejemplo se utiliza en nuestra anárquica, seglar y laica Comunidad de la recuperación que es eminentemente espiritual.

 

He podido experimentar que cuando hago esta oración puedo gozar de la eficacia de unidad con mis compañeros y con los demás en el Espíritu de paz y de amor, como hermanos de una gran familia mística, astral y universal, a través del ejercicio de las indispensables humildad y tolerancia como parte del código ético de la Fraternidad de la recuperación, pues es una muestra clara de lo que implica el sano juicio (prudencia, cordura, sensatez y equilibrio emocional).

 

Cada mañana al momento de despertar pregunto a mi Poder Superior: “¿Quién manda Tú o yo?, respondo ¡Tú!. Entonces todo estará bien aquí y en el más allá.”, luego digo la Oración de San Francisco como la mejor manera de pedir guía para lo que debo enfrentar a lo largo del día, y esto me ha sido de suma utilidad para accionar y buscar mi estabilidad emocional y así colaborar con Dios en la procuración de quedar blanco como la nieve.

 

Si intento vivir y acciono con amor, perdón, armonía, verdad, fe, esperanza, luz y alegría, con generosidad para comprender, consolar, perdonar y amar auténticamente a Dios y a mis semejantes estaré en el camino de mi despertar espiritual para mi vida eterna, de manera tal que podré tener la sensación certera de que todo estará bien aquí y en el más allá.

 

Felices 24 horas de paz.

 

Fader.

 

 

Reflexiones Diarias

Escritas por los A.A. para los A.A.

UNA ORACIÓN CLÁSICA

 

Señor: hazme un instrumento de Tu paz – que donde haya odio, siembre amor – donde haya injuria, perdón – donde haya duda, fe – donde haya desesperación, esperanza – donde haya sombras, luz – donde haya tristeza, alegría. ¡Oh! ¡Divino Maestro! concédeme que no busque ser consolado, sino consolar – que no busque ser comprendido, sino comprender – que no busque ser amado, sino amar – porque para encontrarse, hay que olvidarse de sí mismo – perdonando, es como Tú nos perdonas – y muriendo en Ti, nazco para la vida eterna. Amén. 

 

DOCE PASOS Y DOCE TRADICIONES, p. 106 

 

No importa en qué parte de mi desarrollo espiritual me encuentre, la Oración de San Francisco me ayuda a mejorar mi contacto consciente con el Dios de mi entendimiento. Creo que una de las grandes ventajas de mi fe en Dios está en que yo no lo comprenda a Él o a Ella o a Ello. Puede ser que mi relación con mi Poder Superior sea tan fructífera que yo no tengo que comprenderlo. Sólo estoy seguro de que si practico el Undécimo Paso regularmente, lo mejor que pueda, continuaré mejorando mi contacto consciente, que conoceré su voluntad para conmigo y que tendré la fortaleza para cumplirla.

 

Del libro Reflexiones Diarias
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