En el libro “La Tradición de A.A., Cómo Se Desarrolló”, en el Capítulo referente a “El Anonimato”, uno de los primeros artículos acerca de nuestras importantes Tradiciones de Anonimato” [Publicado originalmente en el Grapevine 1946], encuentro muy interesante cómo es posible que la Voluntad de Dios se manifieste y lo importante de estar alerta para detectarla y sentirla, pues generalmente aparece ante mí y muchas ocasiones no la sé distinguir o incluso hago caso omiso de lo que mi insospechado recurso interior me indica, tal y como se describe al leer: “En los años anteriores a la publicación del libro Alcohólicos Anónimos, no teníamos nombre . . . Por un escaso margen, se decidió titular nuestro libro «La Salida» . . . Uno de nuestros primeros miembros solitarios . . . descubrió doce libros publicados con ese título . . . Así fue que «Alcohólicos Anónimos» se convirtió en el título de preferencia. Y así fue que conseguimos un título para nuestro libro, un nombre para nuestro movimiento y, como ya estamos comenzando a ver, una tradición de la más alta importancia espiritual.”

 

Cuando llegué al Programa de recuperación entendía el anonimato, única y exclusivamente, en el nivel personal como una manera de “protegerme” de ser identificado como un alcohólico, olvidando que todos quienes me rodeaban cercanamente lo sabían perfectamente. En ese mismo sentido entendía que el anonimato debía ser tal que podría utilizar un nombre distinto y no tendría que acreditarme con toda precisión pues bastaba que diera un nombre de pila sin apellidos ni otros datos, llegué al extremo de pensar que ojalá pudiera acudir sin que nadie me viera entrar ni salir porque “se podría afectar mi prestigio”, lo cual demuestra mi total falta de entendimiento de esta Tradición y principio del anonimato.

 

Con posterioridad entendí la parte del anonimato referida a los medios de comunicación para que ningún compañero se haga promoción personal ni tampoco fomente de manera mercadotécnica a la Comunidad de la recuperación, pues he llegado a comprender que en la Fraternidad todos somos iguales y el mejor medio para promover los Doce Pasos y la recuperación es la atracción de mi propio ejemplo, con mi propia vida, donde real y efectivamente se muestre mi cambio de juicios y actitudes. También entiendo que no se trata de querer “presumir mi recuperación” y con ello obtener cualquier tipo de reconocimiento o beneficio personal que caen en la alimentación de mi ego.  En este sentido es que La Undécima Tradición en su enunciado dice: “Nuestra política de relaciones públicas se basa más bien en la atracción que en la promoción; necesitamos mantener siempre nuestro anonimato personal ante la prensa, la radio y el cine»

 

Así mismo, he podido atender el hecho de que guardar el anonimato ayuda en el proceso de recuperación porque, aunque se ha avanzado en el conocimiento de la enfermedad de la adicción, existe un estigma social respecto del alcohólico, drogadicto y adicto en general, lo que causa vergüenza en muchas ocasiones, sobre todo al inicio de la recuperación y llegada al grupo. Por lo que el hecho de que -como recién llegado- sienta la seguridad de que nadie me delatará y a nadie le importará saber mis datos personales, me dieron confianza y me van permitiendo, poco a poco, ser sincero y comenzar a abrir mi propio historial, lo que me ayuda a entender que lo que comparten mis compañeros merece la total discreción y por ello la aplicación del lema: “¡lo que aquí se dice, aquí se queda!”.

 

El ir reduciendo mi ego y ser uno más en el camino de la recuperación me permite ir desarrollando el principio espiritual de la humildad y del autoconocimiento para tener un valoración correcta de mí mismo, evitando la soberbia y la autoconmiseración. No cabe duda que es irrefutable lo que la Duodécima Tradición expresa: “Finalmente, nosotros los Alcohólicos Anónimos creemos que el principio de anonimato tiene una inmensa significación espiritual. Nos recuerda que debemos anteponer los principios a las personalidades; que debemos practicar una auténtica humildad. Todo esto a fin de que las bendiciones que conocemos nunca nos estropeen; que vivamos siempre en contemplación agradecida de Él, que preside sobre todos nosotros.”

 

Hoy creo en las “diosidencias” y para poder vivirlas tengo que mantener mi mente abierta y guiarme con buena voluntad, con la honestidad necesaria para no engañar y no auto-engañarme y pretender un reconocimiento o premio por estar en recuperación, sino admitir que el hecho de no consumir y adquirir un nuevo estado de conciencia positivo es lo que debo hacer y lo que debí hacer siempre.

 

Felices 24 horas de anonimato.

 

Fader.