El Undécimo Paso me sugiere que hacer cuando no me siento con el ánimo para orar, cuando pierdo la confianza en la oración, cuando dudo de que pueda meditar y contactarme con mi Poder Superior, en fin cuando mi temor hace su aparición para llenarme de inseguridad o la ira para llenarme de resentimiento, por lo que entonces no tengo la buena disposición para dirigirme a Dios con recogimiento y buena voluntad. Por eso es importante que tenga en cuenta lo que me sugiere este Paso Once: “… pasamos por temporadas en las que sólo podemos rezar mediante un inmenso esfuerzo de voluntad. Hay momentos en los que ni siquiera esto nos sirve. Nos sobrecoge una rebeldía tan corrosiva que simplemente rehusamos rezar. cuando nos ocurren estas cosas, no debemos juzgarnos despiadadamente. Debemos simplemente reanudar la oración tan pronto como podamos, haciendo así lo que sabemos que nos va bien.”

 

Cuando no había cambiado lo suficiente mis actitudes de grandiosidad y de perfeccionamiento, mi ego me laceraba cuando “yo sentía” que no estaba cumpliendo con la espiritualidad “que ya debía tener” en un momento determinado o porque no podía concentrarme para orar y meditar cuando me sentía inquieto fuera por temor o por resentimiento.

 

En mi auto-exigencia rehuía buscar la forma de tranquilizarme, olvidando que precisamente una de las mejores formas de hacerlo es ponerme en acción de buena voluntad e intentar hacer oración, pues -poco a poco- esto me ayudará a silenciar mi mente y a desacelerar mis emociones, por lo que pedir serenidad, valor y sabiduría es una solicitud de una buena inteligencia emocional, para mí, que me pone en el camino correcto de ir teniendo un cambio de juicios y actitudes para alimentar mi experiencia espiritual.

 

Para detectar, admitir y corregir aquello que no me permite hacer oración es indispensable que haga un inventario en el momento y a cualquier hora para determinar cuál es mi confusión, solicitar la sugerencia a mi padrino o compañeros y tener la oportunidad de comunicárselo a mi Dios, en cuánto vaya adquiriendo la calma para entrar en una comunión consciente con Él.

 

Más de una vez he descubierto que la situación que me tiene molesto ha pasado y que mi tendencia a vivir mal, mis pensamientos autodestructivos y mis emociones de autoconmiseración me empujan a querer seguir enojado y por eso mi rebeldía a hacer oración porque sé que al hacerlo iré adquiriendo la tranquilidad necesaria para ser tolerante, generoso y poder tener el acto de humildad que detenga un círculo de vicioso de recriminaciones, que sólo sirven para alimentar mi ego y querer demostrar que tengo la razón o para hacer sentir mal al otro porque tomo una postura de víctima, “pobre de mí”.

 

Han existido ocasiones en que quiero estar o seguir molesto, y al haber ahorrado los recursos necesarios en mi banco espiritual, percibo que mi Poder Superior no me permite darme ese lujo dudoso de la ira, y reconozco que es cuando Dios elimina de mí el defecto de la ira, el defecto de la inseguridad y me permite ser humilde para aceptar mis cualidades, mis fallas y mis limitaciones para no tener una percepción desproporcionada de mí mismo.

 

Honestidad, mente abierta, tolerancia, buena voluntad, auténtico amor a Dios a mis semejantes es lo imprescindible para desarrollarme espiritualmente, estar en recuperación y tener la posibilidad de reconstruirme, y para ello es necesario mi contacto consciente con Dios, mejorarlo y buscar continuamente Su voluntad, pidiendo entereza para cumplirla. Por tanto, he ido experimentado la necesidad de tratar incesantemente de orar y meditar, incluso en los momentos de mayor insubordinación de mi parte, pues precisamente en los momentos de grandes disturbios emocionales es cuando requiero mayor orientación por parte de Dios, pues en la historia de mi vida siempre que actúe alejado de mi Poder Superior, me equivoqué.

 

Felices 24 horas en la red de seguridad de la oración.

 

Fader.

 

 

 

Reflexiones Diarias

Escritas por los A.A. para los A.A.

UNA RED DE SEGURIDAD

 

Ocasionalmente . . . nos sobrecoge una rebeldía tan deprimente que sencillamente no podemos orar. cuando esto acontece, no debiéramos pensar muy mal de nosotros mismos. Debiéramos simplemente tratar de reanudar la oración tan pronto como sea posible, haciendo lo que sabemos que es lo mejor para nosotros. 

 

DOCE PASOS Y DOCE TRADICIONES, p. 111 

 

Algunas veces grito, pataleo y le doy la espalda a mi Poder Superior. Entonces mi enfermedad me dice que soy un fracaso y que si me mantengo enojado, con toda seguridad me emborracharé. En esos momentos de terquedad es como si me hubiera resbalado al borde de un precipicio y hubiera quedado agarrándome con una mano. El párrafo arriba citado es mi red de seguridad porque me insta a probar un nuevo comportamiento, tal como ser bondadoso y paciente conmigo mismo. Esto me asegura que mi Poder Superior esperará hasta que nuevamente yo esté dispuesto a correr el riesgo de soltarme para caer en la red y orar.

 

Del libro Reflexiones Diarias
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