En el Libro Grande, Capítulo VI, “En Acción”, al compartirme la parte final del Décimo Paso me vuelve a señalar la importancia de mantener un buen estado espiritual, por tanto resultado de la experiencia vivida de quienes me han antecedido leo: “No estamos curados del alcoholismo. Eso que nosotros poseemos, verdaderamente es un alivio contingente que depende de nuestro modo de mantenernos espiritualmente en forma. Cada día debemos intentar hacer la voluntad de Dios en todos nuestros actos…”

 

¡Nunca estaré curado de mi enfermedad de la adicción!, pues la compulsión física o alergia siguen estando presentes, y esa parte física la única manera de que no se detone es con el no consumo, por eso tanta insistencia en no tomar la primera copa, ni el primer pase, ni la primer a fumada, ni la primera pastilla, ni nada que despierte la parte adictiva de mi mente.

 

Yo llegué a creer que no podría abandonar la personalidad adictiva porque tiene entretejido mi pensamiento nocivo, mis ideas nefastas, mis conceptos dañinos con mis emociones perniciosas, mis sentimientos perversos, mis actitudes desastrosas. Sin embargo, al conocer el Programa de recuperación pude darme cuenta de que sí había una solución que no se encontraba en ningún plano físico ni mental, que por ello todas las probables curas o remedios que intenté no sirvieron y no atendían el fondo verdadero de mi enfermedad de la adicción. Entonces, acepté que el alivio sólo lo podría encontrar en el plano espiritual, si tenía la buena voluntad, la mente abierta y la honestidad para ponerlo en práctica.

 

Así, yo me identifico plenamente con las siguientes líneas del Libro Azul en su Capítulo V, “Nuestro Programa”: “Pedimos ayuda y protección a Dios, abandonándonos completamente a Su voluntad.

He aquí los pasos que seguimos y que proponemos como programa de recuperación…”. No había probado realmente llegar a creer que existiera una eficacia, una capacidad, una energía y un dominio por arriba de mí mismo, privilegiado y potente pudiera regalarme la sobriedad y llevarse mi obsesión por consumir, por vivir mal y por defender la negatividad y mi ingobernabilidad. Así que, me percaté de que la finalidad de todos los principios espirituales que los Doce Pasos depende de encontrar a mi Poder Superior, ponerme a su cuidado y buscar Su voluntad para cumplirla, lo que descubría ante mi era mi despertar y progreso espiritual, pues entonces desde lo más bajo, vergonzoso e ignominioso de mi vida podía surgir la luz de la esperanza de un cambio profundo de mi personalidad al alimentar correctamente mi espiritualidad, comenzando por la reducción continua de mi egoísmo.

 

Es muy claro para mí que se trata, no sólo de alcanzar sino de mantener en buen estado mi condición espiritual y para ello es indispensable que tenga como disciplina diaria la oración y la meditación para aventajar mi cualidad moral e interna de comunión con Dios, pues desde el momento en que creí en mi Poder Superior y avancé en la confianza de poner mi voluntad y mi vida a Su cuidado, para posteriormente admitir ante Él todas mis faltas, así como pedirle la eliminación de mis defectos de carácter, tuve que ocupar varios momentos de introspección con las herramientas de la oración y la meditación, pues de otra manera no habría podido poner el silencio suficiente en mi mente y en mi espíritu para aquietarlos y poder advertir la guía de Dios.

 

Sé que mi enfermedad es falta de poder, por lo tanto no tengo ninguna facultad, atribución, defensa u oportunidad de vencer a la sustancia solo, pues tengo probado que muchas veces lo intenté y fracasé.

 

Sé que desde el aspecto físico y mental no existe ninguna medicina, terapia, remedio, médico, psiquiatra, psicólogo, curandero, chaman, ni nada que pueda desaparecer mi alergia física y por tanto mi compulsión.

 

Sé que por absurdo que parezca y por graves que hayan sido las consecuencias de mi consumo y mi intoxicación, por inmensas que sentía mis culpas, por innumerables mis arrepentimientos, volvía a beber, volvía a lastimar, volvía a auto-sabotearme y convertía mi vida en un desastre constante.

 

 

 

En oración me pongo ante la presencia de mi Dios, como mi Poder Superior absoluto, que me hace salir de mí mismo y me permite acercarme a Su propio Ser, de tal suerte que me olvide de mí y deje que mi pensamiento y mi sentimiento asciendan hacia Dios, para ir entrando en meditación a un estado superior de conciencia  donde poco a poco vaya ingresando al terreno desconocido que implica la Voluntad de Dios, y al tener la sensación de Su contacto, confiar en Su palabra, intentando reducir mi ego de tal forma que deje de ser yo mismo y buscar ser más y más un instrumento de Dios, para recibir más luz porque nada crece en la oscuridad y recibir más amor que como alimento del espíritu.

 

Por la gracia de Dios no he consumido y eso me permite realizar mis ejercicios espirituales, empezando con la oración y terminando con la meditación que mejore el vínculo de mi espíritu con Dios, tal como yo lo concibo, y de esa manera solicitar extirpe los defectos que pudieran impedirlo y me otorgue la entereza para accionar con generosidad, humildad, misericordia, indulgencia, tolerancia y amor.

 

Un día a la vez, sé que no consumo, que no tengo procesos adictivos, que no siento deseos de beber, que no pienso en consumir y que intento ser una buena persona y ser auténticamente un hombre.

 

Felices 24 horas de una suspensión diaria.

 

Fader.

 

Reflexiones Diarias

Escritas por los A.A. para los A.A.

UNA SUSPENSIÓN DIARIA

 

Lo que en realidad tenemos es una suspensión diaria de nuestra sentencia, que depende del mantenimiento de nuestra condición espiritual. 

 

ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS, p. 79 

 

Mantener mi buena forma espiritual es como hacer ejercicio todos los días, entrenarme para el maratón, nadar, correr. Es mantenerse en buen estado espiritualmente, y esto requiere la oración y la meditación. La manera más importante de mejorar mi contacto consciente con un Poder Superior es orar y meditar. Yo soy tan impotente ante el alcohol como lo soy para hacer retroceder las olas del mar; ninguna fuerza humana tiene el poder para superar mi alcoholismo. Ahora puedo respirar el aire de alegría, de la felicidad y de la sabiduría. Tengo la capacidad para amar y reaccionar ante los eventos a mi alrededor con los ojos de una fe en cosas que no son aparentes. Mi suspensión diaria significa que, por difíciles o dolorosas que parezcan las cosas hoy, puedo recurrir al poder del programa para mantenerme liberado de mi enfermedad astuta, desconcertante y poderosa.

 

Del libro Reflexiones Diarias
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