El enunciado en forma larga de  la Duodécima Tradición expresa: “Finalmente, nosotros de Alcohólicos Anónimos creemos que el principio de anonimato tiene una inmensa significación espiritual. Nos recuerda que debemos anteponer los principios a las personalidades; que debemos practicar una verdadera humildad. Todo esto a fin de que las bendiciones que conocemos no nos estropeen; y que vivamos en contemplación constante y agradecida de El que preside sobre todos nosotros.”

 

La solución a mi enfermedad de la adicción para eliminar la obsesión y para empezar a gobernar mi vida se encuentra en empezar con la creencia para adquirir la fe de que sólo un Poder Superior puede devolverme el sano juicio, que implica no pensar en consumir, estar abstemio, gozar de estarlo e ir alcanzando la estabilidad emocional, por momentos o por periodos de veinticuatro horas, pues me ha quedado claro que mi padecimiento y mi afección es la falta de poder ya que la característica inicial de mi mal es mi impotencia para controlar el consumo, mi impotencia para controlar los efectos del consumo, mi impotencia para controlar las consecuencias derivadas de la intoxicación, mi impotencia para resistirme a consumir, mi impotencia para dominar a las personas, mi impotencia para depender de otros, mi impotencia para manejar mis reacciones, mi impotencia para eliminar mis defectos de carácter, mi impotencia para cuidar de mí mismo, en fin mi impotencia de gobernar mi vida.

 

Entonces aprendo a ejercitar una auténtica humildad empezando a saber quien soy, dejando de lado mis opiniones, mis ideas y mis sentimientos sobre mí mismo, así como los juicios y sentires de los demás respecto a mí, para que derivado de mi minucioso inventario personal reconozca mis talentos, mis capacidades, mis cualidades, mis defectos, mis errores, mis fallas y mis limitaciones para abandonar cualquier postura mental y emocional de una valoración desproporcionada de mí mismo que tienda a sentirme y creerme más de lo que soy (soberbia), así como a la tendencia de sentirme y creerme menos de lo que soy (autoconmiseración).

 

En este ejercicio de humildad, reconozco, acepto y admito que sólo por la gracia de Dios, hoy no consumo y estoy apto para tener un cambio de juicios y actitudes que resulten en un equilibrio emocional que coadyuve a mi labor de ir progresando espiritualmente y de esta manera cumplir la Voluntad de Dios.

 

He dejado de sentirme la deidad de mi propia razón, de venderme la idea de que yo soy “el talentoso”, “el genial”, “el sagaz” y “el capaz” para resolver los problemas, dificultades, afectaciones y aflicciones de mi vida, porque al revisar mi historial observo que generalmente que anduve solo mis decisiones siempre fueron erróneas, por eso ahora parto de pedir ayuda, solicitar la sugerencia, apadrinarme y ante todo hacer oración y meditación para solicitar la guía y la inspiración necesarias para resolver los asuntos que se me presentan, un día a la vez.

 

Cuando leo el enunciado de esta Duodécima Tradición viene a mi mente la parte fundamental al transmitir el mensaje que se lee en el Libro Grande “Subraye libremente el aspecto espiritual. Si él fuese agnóstico o ateo, recalque el hecho de que no tiene necesidad de concordar con vuestra concepción de Dios. Puede escoger cualquier concepción que le plazca, siempre que signifique algo para él. Lo importante es que él esté dispuesto a creer en un Poder Superior a él y que viva siguiendo principios espirituales.” (Capítulo VII, “Trabajando con los Demás”).

 

En esto estriba que yo baya reduciendo mi ego, dejando a un lado mi aspecto ampuloso, grandioso, soberbio de pensar que está en mí lograr todo para ir adquiriendo el concepto de que puedo utilizar adecuadamente mi fuerza de voluntad para elegir hacer la Voluntad de Dios y de esta manera tener los resultados que sean mejor para mi vida y progreso espiritual.

 

Al tener la dependencia en un Poder Superior voy trabajando en mi fidelidad a Dios y adquiero la sumisión y acatamiento de Su voluntad, agradecidamente por todo lo que me da y lo que me ha dado, de manera primordial porque me ha otorgado la oportunidad reiterada de pertenecer a la Comunidad y estar en recuperación, ser útil y feliz.

 

Felices 24 horas de una verdadera humildad.

 

Fader.

 

 

Reflexiones Diarias

Escritas por los A.A. para los A.A.

11 DE DICIEMBRE

UNA VERDADERA HUMILDAD

 

. . . debemos practicar una verdadera humildad, todo esto a fin de que las bendiciones que conocemos no nos estropeen; y que vivamos en contemplación constante y agradecida de El que preside sobre todos nosotros. 

 

ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS, p. 226-227 

 

La experiencia me ha enseñado que mi personalidad alcohólica tiene tendencia hacia la granDiosidad. Aparentemente con buenas intenciones, puedo salirme por la tangente al perseguir mis «causas». Mi ego toma el mando y pierdo de vista mi propósito primordial. Puede que incluso me atribuya el mérito por las obras de Dios en mi vida. Tal sentimiento exagerado de mi propia importancia es peligroso para mi sobriedad y puede causar un grave daño a A.A. como un todo. Mi salvaguardia, la Duodécima Tradición, sirve para mantenerme humilde. Me doy cuenta de que, como individuo y como miembro de la Comunidad, no puedo hacer alarde de mis logros, y que «Dios hace por nosotros lo que por nosotros mismos no podíamos hacer».

 

Del libro Reflexiones Diarias
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